LA CONQUISTA DE VALENCIA: EN RUTA POR EL CAMINO DEL CID

20-06-2019
Dos de los viajeros más ilustres de finales del XIX y principios del XX fueron Ramón Menéndez Pidal, gran estudioso del Cid y del Cantar, y Archer Milton Huntington, un millonario norteamericano fundador de la Hispanic Society of America. Su mujer, la artista Anna Hyatt, esculpió una estatua ecuestre del Cid cuyas reproducciones pueden verse en las calles de Valencia, Sevilla, Nueva York, San Diego, Buenos Aires o san Francisco. En la imagen, la estatua del Cid en la ciudad de Valencia, obra de Anna Hyatt Huntington / ALC.

  

Texto y fotos: Alberto Luque Cortina

Narra el Cantar de mío Cid que, después de algarar tres años por tierras levantinas, el Cid se decidió a conquistar la ciudad de Valencia. Para ello convocó a todos los caballeros que quisieran acompañarle: lanzó pregones por Castilla, Aragón y Navarra, y a todos les esperó durante tres días en la localidad turolense de Cella.

Aún hoy, los versos del poema son la mejor invitación para recorrer unos territorios fascinantes y muy diversos con Valencia como último destino.

 

219 días por kilómetro

Nuestro viaje físico comienza en Cella y termina 250 km después en Valencia. Sin embargo hay otro viaje, el histórico, que se prolonga a lo largo de 150 años: el lapso que comprende el paso del Cid por estas tierras, en 1088,  y la conquista definitiva de la ciudad por Jaime I, en octubre de 1238. Ambos viajes son inseparables; por eso, para iniciar nuestra andadura, será necesario pertrecharnos con víveres, pero también con un poquito de historia.

En tiempos del Cid, a mediados del siglo XI, el antiguo califato andalusí se había dividido en numerosas taifas. Militarmente débiles, estos reinos o principados, sufrieron primero el acoso de los reinos cristianos, y después la invasión de los almorávides: tribus procedentes del norte de Marruecos que en 1086 entraron en la Península tras la conquista de Toledo por Alfonso VI, rey de León y de Castilla.

Los almorávides se hicieron con el mando de las taifas hasta que a mediados del siglo XII fueron desplazados por los almohades, también originarios de Marruecos. A pesar de todo, el empuje de los reinos cristianos era imparable: los aragoneses, ya desde los tiempos del Cid con Pedro I, habían puesto sus ojos en el Levante, objetivo que cristalizaría con la citada conquista de Valencia por Jaime I en 1238. Pero no nos adelantemos: por ahora, nuestra aventura comienza en Cella.

 

La partida, en Cella

¿Por qué el poeta eligió esta localidad como punto de partida del Cid? A finales del siglo XI, Cella era una plaza musulmana dependiente de la taifa de Albarracín. Sin embargo, cuando se escribió el Cantar (un siglo más tarde, a finales del siglo XII o principios del siglo XIII), Cella estaba ya en manos aragonesas y era una importante población fronteriza con los territorios musulmanes del Levante. El siguiente puesto de avanzada cristiano era Teruel, a unos 20 km, ocupado precariamente por Alfonso II en 1169. Desde Teruel se extendía un manto de bosques y montañas sajado en su último tramo por el valle del río Palancia que, en descenso y protegido por numerosas fortalezas islámicas, desembocaba en el Mediterráneo, muy cerca de la inexpugnable Sagunto, a menos de 30 km de Valencia.

 Cella, Teruel.Cella, Teruel.

 A finales del siglo XII Cella, situada en una zona “militarizada”, era un lugar idóneo para concentrar un pequeño ejército, pues por allí recalaban aventureros y mercenarios de toda clase dispuestos a obtener un buen botín. En el Cantar, Cella es apodada “la del canal”, pues existía entonces un acueducto de origen romano que venía de Albarracín, y que hoy es parcialmente visitable. Este acueducto dejó de funcionar cuando se descubrió, ya en el siglo XIII, su pozo artesiano, sorprendente por su caudal y dimensiones.

Desde Cella nos dirigimos a Teruel, que en el siglo XI era una plaza musulmana de escasa importancia y, según el Cantar, tributaria del Cid. En 1226 fue el lugar elegido por Jaime I para esperar, con escaso éxito, a quienes quisieran acompañarle a conquistar Valencia en un primer intento infructuoso. Hoy Teruel es la capital del mudéjar aragonés, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2001TeruelTeruel

Los mudéjares fueron los musulmanes que permanecieron en sus tierras tras la conquista cristiana conservando su religión y algunas de sus costumbres. Principalmente se dedicaban a oficios urbanos, sobresaliendo como artesanos y maestros de obra. Sus construcciones se caracterizan por el uso de materiales económicos (ladrillo, yeso, cerámica o madera), de los que extraían todas sus posibilidades para crear un arte geométrico, cromático e imaginativo.

Para el viajero actual es toda una experiencia sensorial atravesar sus murallas, adentrarse en el casco antiguo de la ciudad y caminar bajo las torres mudéjares de San Pedro, San Martín, La Merced o el Salvador, construidas entre los siglos XIII y XIV. Cualquier paseo nos conduce inevitablemente a su catedral, construida en el siglo XIII. En su interior se conserva una de las grandes joyas artísticas del Camino del Cid: su techumbre gótico-mudéjar, un “mosaico” pictórico exquisito y deslumbrante decorado con motivos mudéjares y cientos de personajes y seres imaginarios que constituyen una sorprendente “enciclopedia ilustrada” de la sociedad y de la cosmovisión del Teruel del siglo XIII.

TeruelTeruel 

Por la comarca de Gúdar-Javalambre

Después de recobrar fuerzas con el famoso jamón de Teruel o con alguna de sus exquisitas variedades micológicas nos dirigimos, atravesando extensos pinares y sabinares, a La Puebla de Valverde, y desde allí, por Valbona, hacia el conjunto histórico artístico de Mora de Rubielos. Posiblemente Mora fue conquistada a los musulmanes a finales del siglo XII o principios del siglo XIII. Su imponente castillo, construido en esa época aunque con sucesivas reformas, fue testigo de las luchas entre las coronas de Aragón y de Castilla.

Mora de Rubielos, Teruel.Mora de Rubielos, Teruel.

A 12 km se encuentra Rubielos de Mora, un pueblo tranquilo, señorial, muy cuidado, con un urbanismo armónico que invita al paseo entre sus calles, muros y casonas señoriales. Rubielos es la puerta de entrada a otra ruta del Camino del Cid, el anillo del Maestrazgo, que puede recorrerse en coche o moto, o bien en bici.

Rubielos de Mora, TeruelRubielos de Mora, Teruel  

Las tierras inhóspitas del Mijares

Tras dejar Olba entramos en la provincia de Castellón por Puebla de Arenoso, localidad custodiada por las ruinas de su castillo islámico de Arenós o La Viñaza, ubicado en un espacio natural impresionante.

Puebla de Arenoso,CastellónPuebla de Arenoso,CastellónLas diferentes rutas que nos conducen a Montanejos lo hacen por parajes visualmente muy atractivos. La ruta de carretera bordea el embalse de Arenós, y los estrechos calizos del río Mijares. La ruta para senderistas y usuarios -aguerridos- de BTT discurre entre fuertes desniveles por el Barranco de La Maimona. Ambos itinerarios confluyen en Montanejos, localidad conocida por sus aguas termales.

Los Calpes, Castellón.Los Calpes, Castellón.

Montanejos, según el historiador Escolano, fue tributaria del Cid. Aún puede verse en el casco antiguo su atalaya árabe del siglo XII y, en las afueras, los escasos vestigios de su castillo islámico del siglo XI, situado en un alto que domina la brecha abierta por el Mijares. Montanejos es otra de las puertas al anillo del Maestrazgo.

Montanejos, Castellón.Montanejos, Castellón.

Desde Montanejos seguimos por Montán y Caudiel para llegar a Jérica. Su torre mudéjar se enseñorea sobre la ciudad. Los restos de su castillo son principalmente de los siglos XIV y XV, pero hubo en tiempos del Cid un castillo musulmán que pagaba sus correspondientes parias al Campeador.

Jérica, Castellón. Asís G. AyerbeJérica, Castellón. Asís G. Ayerbe

El castillo de la vecina Segorbe, igualmente tributaria del Cid, es predominantemente del siglo XIV, así como sus torreones, murallas, el claustro gótico de su catedral o su acueducto, uno de los símbolos de esta ciudad. Precisamente su afamada Entrada de Toros y Caballos, una celebración multitudinaria en la que diestros jinetes guían a un grupo de toros por las calles de la ciudad, se remonta a esta época.

Valle abajo, y ya en la provincia de Valencia, llegamos a Torres Torres. El Cid acampó aquí en 1088, quién sabe si cerca de su castillo, cuya estampa actual se remonta a los siglos XII y XIII. En 1233 Jaime I hizo lo propio con el ejército que había reunido para conquistar Burriana. Torres Torres es una pequeña localidad que posee unos interesantes baños árabes del siglo XIV, muy bien conservados y visitables. Desde Torres Torres el camino desemboca en el Mediterráneo, en Sagunto, la antigua Murviedro.

Torres Torres, ValenciaTorres Torres, Valencia

Sagunto es cruce de numerosas culturas. Aunque el Cantar narra cómo el Cid tomó la ciudad antes de conquistar Valencia, en realidad lo hizo después, en 1098, poco antes de su muerte. La ciudad conserva un valiosísimo patrimonio que parece concentrarse en su impresionante conjunto amurallado, cuyos restos demuestran su ocupación ininterrumpida desde hace más de 2.000 años. Al igual que Valencia, fue conquistada en 1238 por Jaime I; de aquella época es la iglesia del Salvador, la más antigua de la ciudad.

 

El ramal de Castellón

Almenara, Castellón.Almenara, Castellón.

Desde Sagunto parte el ramal  de Castellón, una ruta de 50 km que bordea la costa hasta llegar a la ciudad que le da nombre. Nuestra primera parada es Almenara, localidad dominada por una gran peña donde los musulmanes construyeron un importante complejo amurallado. Allí se refugió el enemigo del Cid, el alcalde de Xàtiva, y en su persecución la conquistó Rodrigo en 1098 tras varios meses de asedio. Jaime I hizo lo propio mediante negociación en 1238.

Desde Almenara nos dirigimos a Burriana atravesando extensos cultivos de cítricos. El Cid conocía bien Burriana, donde había estado en dos ocasiones al servicio de al Qadir, señor de Valencia: su muerte en 1092 sería una de las excusas del Cid para conquistar la capital en junio de 1094. Poco después, en noviembre de este año, cerró en Burriana un acuerdo de ayuda mutua con Pedro I de Aragón.

Los aragoneses, que buscaban su salida al mar, se habían apoderado de varias fortalezas en este territorio y encontraron en el Cid un aliado natural. De hecho, en 1097 Pedro I y el Cid tuvieron que aplastar la sublevación de la población musulmana de algunas de esas fortalezas, entre las que se contaba el castillo del Fadrell o Castell Vell, a 7 km de la actual Castellón y posible origen de la ciudad, lugar donde termina este ramal, cuya visita aprovechamos para comer un buen arroz y ver algunos restos de gótico tardío en las puertas de la concatedral de Santa María (XIV) o en El Fadrí, su torre campanario (XV-XVIII).

Burriana, Castellón.Burriana, Castellón.Estas tierras castellonenses permanecieron bajo precario control aragonés hasta su conquista por los almorávides en 1103, y así seguirían, bajo gobierno musulmán, hasta la llegada de Jaime I. Mención especial merece Burriana, sitio muy querido por el monarca: la ciudad capituló tras un corto asedio en 1233. La iglesia del Salvador (XIII- XVII) fue construida tras la conquista y posee, además de su importante significación histórica, un precioso ábside gótico. 

  

Al fin, la ciudad soñada

Nules, Castellón.Nules, Castellón.Después de darnos un bañito en cualquiera de las playas de Burriana y alrededores, regresamos a Sagunto para retomar nuestra particular conquista de Valencia. Pero antes nos detenemos en uno de los lugares claves de esta ruta: El Puig, conocida en la Edad Media como Çebolla y así nombrada en el Cantar.

En noviembre de 1092, tras la destitución y muerte de al-Qadir, el Cid inició el asedio de su castillo, que se rindió en junio de 1093. Su conquista fue muy importante, ya que se convirtió temporalmente en el cuartel general del Campeador, desde donde lanzaba algaras para extender su protectorado y presionar Valencia. A su vez, en 1237 Jaime I decidió reconstruir el castillo, abandonado por los musulmanes, para iniciar desde aquí la conquista de Valencia.

Aunque de esta importante fortaleza apenas quedan algunos lienzos y restos arqueológicos, podemos consolarnos visitando su monasterio, una de cuyas puertas, la septentrional, es del siglo XIII, de estilo tardo-románico. Desde el Puig surge una pequeña ruta senderista de una veintena de kilómetros, aún sin señalizar, que nos lleva a otros dos “castillos del Cid”: el de Serra y el de Olocau, conquistados a finales de 1094 o principios de 1095.

Ya sólo nos queda entrar en Valencia por cualquiera de sus puertas históricas: la de Quart o la de Serranos. Valencia sigue siendo hoy una ciudad fascinante con un increíble patrimonio gótico, como la lonja de Valencia (declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996), o su catedral, ubicada sobre la Mezquita mayor, consagrada por el Cid en 1096. La torre-campanario del Miquelete, uno de los símbolos de la ciudad, muestra, con sus estilos románico, gótico, renacentista y barroco, la continua transformación de esta ciudad que aún guarda entre la Avenida del Cid y la Plaza de España un último recuerdo cidiano: la estatua ecuestre del Campeador, obra de Ana Hyatt Huntington.

ValenciaValencia

El Cid entró en Valencia el 15 de junio de 1094. El espectáculo en su interior debió de ser terrible: los seis meses de asedio habían provocado numerosas enfermedades y hambrunas en la ciudad. Este hecho, el de la conquista, conmocionó por igual al mundo cristiano y musulmán, y aún en nuestros días resulta difícilmente concebible. Hoy sabemos que fue posible gracias a un cúmulo de circunstancias y de intereses personales y políticos de los diferentes gobernantes peninsulares que hábilmente Rodrigo consiguió canalizar en su propio interés, hecho que ratifica sus cualidades estratégicas y diplomáticas, más allá de las bélicas, reconocidas hasta la saciedad.

ValenciaValencia

Como gobernante reestableció con dureza el orden interno y preservó los derechos de sus habitantes musulmanes, una mayoría frente a la minoría cristiana formada por mozárabes y conquistadores. Una de sus mayores preocupaciones fue la defensa de la ciudad frente al peligro almorávide y la deserción de sus soldados, que querían regresar a sus tierras con el botín obtenido.

No sabemos si su intención era crear un nuevo reino -es probable: de hecho, firmaba como príncipe de Valencia-, y quizá lo hubiera conseguido a través de los matrimonios de conveniencia de sus hijas -Cristina con el infante Ramiro, señor de Monzón, y María con Berenguer Ramón III, conde de Barcelona-, pero la muerte le sorprendió en 1099. Finalmente, en 1102, su viuda Jimena abandonó la ciudad ante la llegada inminente de los almorávides. El resto es leyenda.

 

Para recorrer la ruta

En los siguientes enlaces encontrarás más información sobre cómo recorrer esta ruta en sus diferentes modalidades:

 

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