San Esteban de Gormaz


A San Esteban el recado llegó

de que venía Minaya por sus primas las dos
Versos 2845 y ss. CMC

La historia medieval de San Esteban de Gormaz, conocida en el siglo IX como Castro Moro o Castro Muros según versiones, está determinada por su importancia geoestratégica, en la frontera del Duero, entre Osma y Gormaz. En el año 912 el conde Gonzalo Fernández repobló la plaza bajo el reinado del rey leonés García. Desde entonces, y durante todo el siglo X hasta la primera mitad del siglo XI, San Esteban cambió de manos cristianas a manos musulmanas en varias ocasiones, dada su importancia como una de las puertas de Castilla. El 4 de septiembre de 917 un ejército musulmán enviado por Abderramán III entró en territorio cristiano y sitió San Esteban de Gormaz. Este ejército fue derrotado por la hueste del rey Ordoño II. El caid y general en jefe Ahmad b. Muhammad fue muerto en batalla . Según la crónica silense tras vencer a los musulmanes Ordoño II colgó la cabeza del jefe de las tropas islámicas de las murallas de San Esteban junto a la cabeza de un jabalí.  En represalia a la victoria y ofensa de Ordoño II, el 8 de junio de 920 el ejército de Abderramán III entró en San Esteban de Gormaz, abandonada por sus habitantes ante la llegada del ejército, saqueó la ciudad y la arrasó. Así se escribía la historia en el siglo X. 

Tras la muerte de Almanzor a principios del siglo XI y el derrumbe del califato andalusí, la debilidad de los reinos de taifas posibilitó que a mitad del siglo XI, y bajo reinado de Fernando I, San Esteban quedara en manos cristianas. El avance de las fronteras hacia el Sur alejó los peligros de la guera de San Esteban, que pudo desarrollarse como núcleo de importancia: en el año 1187 se celebraron en San Esteban de Gormaz las primeras Cortes de Castilla; por entonces San Esteban contaba con más de 3.000 almas, cifra poblacional muy similar a la actual.

En el Cantar de mio Cid, San Esteban es citada reiteradamente; esta reiteración y el conocimiento de la toponimia de los alrededores, aunque en ocasiones con errores geográficos, ha llevado a pensar a algunos estudiosos que el poeta anónimo pudiera haber vivido o ser oriundo de esta localidad. Lo cierto es que San Esteban y sus alrededores juegan un papel muy importante en el poema. Es precisamente en esta población, de la que el Cantar dice de sus habitantes que son mesurados y prudentes, donde las hijas del Cid son cuidadas tras la afrenta sufrida en el robledal de Corpes por los infantes de Carrión.

Qué ver y hacer

Lo primero que vemos al acercarnos a San Esteban de Gormaz es, sobre un alto cerro, la silueta de su antiguo castillo. Del castillo, de origen árabe, del siglo IX, apenas quedan en el cerro algunos lienzos así como los restos de los aljibes en los que se recogía el agua de lluvia. Algunos restos del antiguo amurallamiento pueden verse en la ciudad, como el Arco de la Villa, justo a los pies del Duero, antigua puerta de la muralla exterior que daba paso a la ciudad y hoy conduce a través de una pequeña calle soportalada al Ayuntamiento.

La ciudad cuenta con un interesante patrimonio románico, condensado en la iglesia de San Miguel -que posiblemente se estuviera construyendo cuando el Cid fue desterrado- y la iglesia del Rivero. La iglesia de San Miguel parece ser la más antigua de las dos. Uno de sus canecillos representa a un monje donde puede leerse: Iulianus Magister Fecit Era MCXVIIII. Las dificultades de lectura de la fecha impide saber con certeza si la iglesia fue finalizada en 1081 o bien en 1111. En el primer caso estaríamos ante la iglesia románica porticada más antigua de España. Por su parte, la iglesia del Rivero es un edificio de volúmenes con galería porticada que guarda entre sus muros unas curiosas pinturas en la bóveda del altar, posiblemente de los siglos XIII-XIV; los relieves exteriores de la bóveda, largo tiempo cubiertos y hoy en un excelente estado de conservación; y la techumbre de la escalera del coro.

El paseo por San Esteban nos conduce necesariamente al rí­o Duero, razón de ser de esta población, y a su puente medieval de 16 ojos nada menos. Parte del puente se haya escondido entre las choperas de la vega; aunque ha sufrido numerosas actuaciones a lo largo de la historia, cabe imaginarse la importancia de poseer este paso seguro a través del rí­o entre los siglos IX y XI para consolidar la frontera del Duero. Se dice que el puente es de origen romano. Precisamente el viajero curioso, si se fija con atención, podrá encontrar en su paseo por las calles de la vieja San Esteban algunas estelas funerarias y teselas romanas en los muros de las casas de la villa, utilizadas como simple sillerí­a para la construcción.

Por último, existe la posibilidad de visitar el Parque temático del Románico de Castilla y León. Este centro cuenta entre otros alicientes con nueve grandes maquetas de los nueve edificios significativos del románico castellano y leonés, así­ como una sección de los arcos de San Juan de Duero, a dos metros de altura. A su lado, y también abierto a las vistas se halla el museo etnográfico de San Esteban.

Además, no puedes perderte...
  • Vale la pena sentarse a descansar bajo el pórtico de cualquiera de las dos iglesias románicas de San Esteban de Gormaz para respirar un poco de Historia. Los aficionados a la Historia tienen parada obligada en la iglesia de San Esteban, construida en tiempos del Cid, ya que podrí­an estar delante de la iglesia porticada más antigua de España. Los relieves de los capiteles y los canecillos son muy interesantes, algunos simbolizan guerreros medievales: las distintas imágenes, algunas en mal estado, permiten a la imaginación del viajero sugerir libres interpretaciones. Además, y si uno se fija con atención, descubrirá grabado en una de los sillares un pequeño tablero de juego parecido al tres en raya: se trata del alquerque, un viejo juego medieval de origen árabe; los habitantes de San Esteban debieron de utilizarlo durante generaciones bajo la sombra que ahora comparte el viajero.

Información práctica

Rev. (PAB) 07.07.2016