Gormaz


No demoran el mandato de su señor,

deprisa cabalgan, andan de día y de noche,
llegaron a Gormaz, un castillo muy fuerte,
allí se albergaron en verdad una noche.
Versos 2841 y ss. CMC

La fortaleza califal de Gormaz es uno de los hitos fundamentales de este viaje. El Cid fue alcaide de esta plaza como posiblemente lo fue también de Langa y Berlanga. Pero, además, Gormaz juega un papel esencial en nuestra historia: en el año 1081 la población que vivía a las faldas del castillo fue atacada por un contingente musulmán, lo que provocó una dura represalia del Cid en forma de algara por los territorios musulmanes próximos pertenecientes a la taifa de Toledo, por entonces aliada estratégica del rey Alfonso VI. El Cid actuó por cuenta propia sin solicitar permiso a su rey, Alfonso. Este hecho y la dureza del ataque contribuyó a desencadenar el primer destierro del Cid, que tuvo lugar ese mismo año.

Pero la historia de la fortaleza comienza mucho antes. Se halla ubicada en un cerro habitado desde la Edad del Bronce, hace 4.000 años; de hecho se cree que el topónimo Gormaz es de origen preromano. Tras la invasión árabe, las tierras de la extremadura castellana, incluida la línea del Duero, quedaron despobladas y convertidas en lugar baldío. A mediados del siglo X el empuje de los reinos cristianos del norte les lleva a establecer diversas "cabezas de puente" en Osma, San Esteban, y también en Gormaz, que pasó de manos leonesas a manos cordobesas en varias ocasiones. Con el objetivo de reforzar sus posiciones en la zona, bajo gobierno de Abderramán III se refuerzan los bastiones de Madinat Salim (Medinaceli) y Gormaz, cuya fortaleza es levantada por el general Ghalib en 965. En 975 la fortaleza sufrió un duro asedio por un alianza de reinos cristianos, desbaratada por el general Ghalib tras una cruenta batalla campal. Sólo en 1059 Gormaz pasaría a manos del rey leonés Fernando I, padre de Alfonso VI, junto con Vadorrey y Berlanga. Posteriormente, este último delegaría en el Cid la custodia de la fortaleza.

Qué ver y hacer

El viajero que llega a Gormaz debe atravesar el río Duero por el puente de diez ojos de origen romano por el que sin duda pasó el Cid en más de una ocasión. Desde el puente se divisa ya el pueblo, pequeño, de mampostería y adobe, que vive a la sombra de su castillo. Se halla en el punto medio de ascensión al castillo y puede servir de lugar de reposo a ciclistas y caminantes, un buen momento para recuperar fuerzas y contemplar las vistas del valle. Tras dejar el pueblo, a pocos metros se halla la ermita románica de San Miguel, que data de tiempos del Cid (finales del siglo XI), un lugar fascinante para los interesados en la pintura románica. Las pinturas se reparten por la bóveda y muros del ábside; entre las escenas, la mayoría de índole religiosa, pueden verse dos ejércitos de caballeros enfrentándose. Se han hallado numerosas similitudes entre las pinturas de Gormaz y San Baudelio, hasta el punto que los estudiosos creen que fueron realizadas en las mismas fechas (entre 1125 y 1132) y, muy posiblemente, por un mismo taller. Por estas razones San Miguel es toda una experiencia "medieval" para el viajero.

El último tramo nos lleva hasta el castillo. La fortaleza califal de Gormaz es posiblemente el mejor ejemplo de arquitectura militar realizado por el Califato de Córdoba. Ciclistas y caminantes se enfrentan al reto de ascender hasta su cima, un importante esfuerzo que se ve recompensado con unas vistas extraordinarias del campo castellano. El magnífico paisaje que se vislumbra desde allí explica su importancia estratégica. Desde Gormaz se controlaba el paso del Duero y los cruces entre la calzada que unía Uxama (Osma) y Ocilis (Medinaceli) y Cesaraugusta (Zaragoza) y Astúrica Augusta (Astorga). La fortaleza tiene 1200 metros de perímetro amurallado. Los muros, a su vez, están flanqueados por torres rectangulares. Su elemento más significativo es su arco de herradura califal. Además, aún quedan restos de la alcazaba, de la alberca, y del aljibe, con una capacidad de 100.000 litros de agua, construido para que los defensores de la fortaleza pudieran soportar largos asedios.

Además, no puedes perderte...
  • El paisaje. El puente, la ermita de San Miguel y la fortaleza son atractivos muy poderosos para quien se plantee llegar y subir a Gormaz. Si es así, te recomendamos una vez arriba detenerte en las fascinantes vistas que desde allí se atisban del siempre cambiante campo castellano. El Duero zigzaguea mansamente entre el bosque de ribera y los cultivos de secano, para perderse entre colinas de robles. Un paisaje que nos recuerda la importancia estratégica del Duero y de Gormaz  durante los siglos X y XI.

Información práctica

Rev. (PAB) 07.07.2016