El Camino del Cid: un viaje largo que se hace corto

26-07-2022
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Gonzalo de las Heras y Julia Fernández, periodistas de El Correo, en el Camino del CidGonzalo de las Heras y Julia Fernández, periodistas de El Correo, en el Camino del Cid
Son periodistas. También pareja. Trabajan en El Correo. Los dos son aficionados a la bici y aunque el nivel físico de Gonzalo es superior al de Julia, las cuestas y los kilómetros han sido los mismos para ambos. El pasado mes de junio pusieron rumbo al Camino el Cid y desde mediados de julio podemos conocer su experiencia través de unos reportajes (estupendamente estructurados) publicados en las cabeceras del grupo Vocento. Hacen un alto en sus vacaciones para hablarnos de “un viaje fabuloso”. Hablamos con Gonzalo de las Heras y Julia Fernández.

- El pasado 6 de junio pusisteis rumbo al Camino del Cid. Os pregunto por la “previa”. ¿Cómo surgió la idea de recorrer la ruta?

GONZALO DE LAS HERAS: Estábamos los dos en casa teletrabajando porque teníamos Coronavirus. Nos llamó el director del periódico, de El Correo, para proponernos hacer uno de los seriales que en verano publican las cabeceras del grupo Vocento al que pertenece nuestro periódico. Se trata de la sección “Vivir” que en verano se vuelve más ligera, más fresca, con contenidos más veraniegos. Nos propuso contar un viaje ya que él sabe que los dos montamos en bici y que en vacaciones solemos irnos juntos. Planteó la peculiaridad de contar las dos visiones, cómo lo veía Julia y como lo veía yo. Esa es la diferencia de lo que se había hecho otras veces. En esa primera propuesta no estaba fijada la ruta. Yo tenía en mente el Camino del Cid porque ya lo conocía y era una de esas ideas que tienes en segundo plano de “algún día tengo que”.

JULIA FERNÁNDEZ: Él lo había comentado pero yo no soy tan aventurera, a mí lo de viajar con la bici, las maletas… no lo veía  como una alternativa de ocio pero al final la propuesta fue laboral, a él le pareció bien y para mí se convirtió en un reto deportivo y profesional.

- Una vez finalizado el viaje, Julia, el reto ¿fue más allá de lo puramente deportivo o laboral?

J.F: Cuando empecé no tenía claro si iba a terminar. Hace años sí que había hecho alguna ruta con bici de montaña pero estaba muy preparada.  

G.H.: Sí, hicimos rutas con asistencia en la que la organización te llevaba el equipaje del punto de partida al punto de destino. Hicimos una en los Pirineos que salió muy bien pero otra en Granada que fue más complicada, técnica y físicamente fue más difícil y coincidió con el calor de los meses de julio y agosto.

J.F: Yo me quedé con la idea de Pirineos pero en Granada me encontré con muchas más cuestas y con un terreno muy difícil. No llegué ni acabar el primer día, además me caí varias veces, no era capaz de subir las cuestas. Al final me quedé con el equipaje y me llevaban en el coche de un hotel a otro. En ese momento la bici de montaña se quedó en el garaje, no conseguí reengancharme. Por eso, volver a coger la bici para hacer este viaje suponía tener que superar ese miedo a los baches, a las piedras, a las cuestas, a los descensos. Para mí fue un gran reto y cuando acabé decir… oye, he hecho 800 kilómetros, he estado 14 días haciendo bici, me he divertido y no he tenido ganas de abandonar, me dio el empujón para decir: esto me gusta. 

"Ir por mitad del bosque con la bicicleta era una
sensación que no tenía desde hace años"


- ¿Combinasteis asfalto y carretera?

G.H.:
Sí, fue una decisión que tomamos nosotros. Podíamos haber hecho solo carretera y hubiera sido igual de fabuloso pero yo estaba convencido de que la parte técnica de esa ruta iba a ser poca y nos iba a venir bien para reenganchar a Julia. La imagen que tienes de este tipo de viajes en bici no es la de ir bajando por un sendero entre piedras si no de esas pistas que se pierden en el horizonte y que nosotros no tenemos donde vivimos. A mí eso me parecía muy atractivo.

J.F: Además nos permitía conectar con esa parte más rural, más de campo. Ir por mitad del bosque con la bicicleta era una sensación que no tenía desde hace años. 

- Iniciasteis el Camino del Cid y os topasteis con la primera gran ola de calor de este verano. ¿Una dificultad añadida?

G.H.: Yo ahora me lo tomo de una forma mucho más relajada pero cuando competía me sentaba muy mal. Yo vengo del mundo del montañismo y el frío es algo natural, sin embargo el calor siempre me ha fastidiado mucho. Es verdad que en esta ruta yo tenía el margen de que la exigencia física para mí era proporcionalmente menor, evidentemente son los mismos kilómetros y las mismas cuestas que para Julia, pero mis límites están más lejos. 

J.F: A mí el calor no me sienta tan mal como a Gonzalo, prefiero calor. Bebo, me echo agua, me refresco y no me afecta tanto, es más si hubiese hecho frío yo creo que lo hubiese pasado peor porque mis manos con el frío se quedan blancas y tengo muchísimos problemas. Fue una sorpresa que no esperábamos en junio pero tampoco supuso un lastre, también es verdad que al no ir por asfalto se notaba. Era maravilloso, me daba igual que hubiera piedras. Yo lo veo como una anécdota no como un problema serio, fue una característica del viaje pero no lo define. 

G.H.: Exacto, recordaremos que hubo mucho calor en un viaje fabuloso. Además, el calor te permite ir mucho más ligero en cuanto a intendencia, equipación, etc. Llegas al sitio, remojas el maillot en el lavabo y a la media hora vuelve a estar listo para el día siguiente. 

"El Camino del Cid nos lo tomamos de forma más relajada
que es la apropiada para disfrutarlo"

 

- ¿Cuántos kilómetros hacíais al día y cuántas horas le dedicábais?  

G.H.: Hemos hecho una media de 60 kilómetros aunque ha habido etapas de 80 y otras de 40. En cuanto al número de horas solíamos llegar a la hora de comer al destino, teniendo en cuenta que por el calor cada vez salíamos más temprano. 

J.F: Nosotros hacíamos paradas que igual no hace un ciclista habitual. Si por ejemplo encontrábamos a alguien con quien hablar, nos podíamos tirar una hora. 

G.H.: Pero para nosotros eso no es lo normal. Yo esta mañana he salido cuatro horas con la bici y he parado diez minutos a hacer una foto en un puerto. Sin embargo el Camino del Cid nos lo tomamos de forma más relajada que es la apropiada para disfrutarlo.

- Para disfrutarlo y para contarlo. Una vez hecho el recorrido ¿cómo os organizabais para poner en orden las ideas, el recorrido, las imágenes para luego trasladar vuestra experiencia a los lectores?

G.H.: Se explica en parte con el material que llevábamos. Yo llevaba una cámara de fotos de objetivos intercambiables. Generalmente por el camino tomábamos notas a mano y luego al llegar teníamos un teclado pequeño que nos turnábamos para escribir cada uno lo nuestro. Una de las partes era negociar quién escribía la parte más larga o más corta del reportaje, el reparto de caracteres no es de cincuenta/cincuenta.

J.F: Llegábamos por la tarde y comíamos si aún no lo habíamos hecho. Nos alojábamos, nos cambiábamos, yo algunas veces me echaba una pequeña siesta y después sobre las 17 o un poco antes nos poníamos a escribir. Durante el tiempo que escribía uno el otro se encargaba de otras cosas. Por ejemplo Gonzalo descargaba las fotos, montaba los vídeos... Tenemos la ventaja de que los dos escribimos rápido, esto es importante porque hay mucha gente que le da muchas vueltas y se pregunta por dónde empezar. Yo según iba viviendo el camino tenía muy claro cuál iba a ser el tema, cuál era la idea principal para luego desarrollar el texto. También era fácil porque había muchas cosas que contar.  

G.H.: Al principio el miedo era ¡a ver si íbamos a ser capaces de llegar a una doble página cada día!. Luego, a los cuatro días, nos preguntábamos qué parte quitar. 

"Ha sido un viaje largo que a mí se me ha hecho corto.
Cuando llegamos a Valencia dije: ¿ya se ha acabado?"


"El paisaje va cambiando y lo vas recorriendo
a un ritmo en el que eres capaz de digerirlo"

 

- En tu caso, Julia, reconoces que se te ha hecho corto...
J.F:
Ha sido un viaje largo que a mí se he hecho corto. Cuando llegamos a Valencia dije ¿ya se ha acabado?, yo hubiese seguido más. Se me pasaban los días volando y no hubo un momento que dijera: se me hace pesado. Ni en el peor momento que fue en la subida a Mas de Noguera. Me pilló mal, sin agua, me caí… ni en ese momento pensé… no puedo más. Me ha pasado en otros viajes pero en este no. 

G.H.: El Camino del Cid es muy variado y solo eres consciente a medida que vas avanzando. Posiblemente nosotros veníamos con la perspectiva del norte pensando que solo íbamos a encontrar llanuras con trigales y cuatro piedras, pero no. El paisaje va cambiando y lo vas recorriendo a un ritmo en el que eres capaz de digerirlo.  Además, en la época en la que lo cogimos nosotros estaba espectacular. Al inicio, el norte todavía estaba verde, según pasabas a Guadalajara ya no tanto, luego te encuentras las montañas, los naranjos, los arrozales… me parece que tiene un hilo conductor que va avanzando de forma muy lineal. 

J.F.: El Camino del Cid te permite percibir la variedad de territorios y de climas que hay en España.

- Uno de las "advertencias" que has lanzado, Gonzalo, es que el Camino del Cid no es llano. ¿Algún otro consejo a tener en cuenta?  

G.H.: Estoy contentísimo porque el Camino del Cid nos ha salido estupendamente y no me refiero solo a los reportajes si no también al viaje. No obstante, una de las cosas que hubiera hecho distinto es dejar algún día de margen para haber pasado alguna noche más en alguno de los sitios en los que estuvimos. Las etapas que hicimos estaban muy bien construidas y eso es mérito de Alberto  (en alusión a Alberto Luque, director gerente del Consorcio Camino del Cid). Pasamos por sitios recónditos y remotos  en los que no podrías quedarte ni aunque quisieras pero luego los puntos de salida y de llegada eran fabulosos y merecen más de una noche de paso.  Por otro lado, el Camino del Cid es muy largo y no es necesario empezar desde el principio y llegar hasta el final de una vez.  

 J.F: Hay tramos que puedes hacer perfectamente en tres o cuatro días. Es muy recomendable dejarlo un poco más abierto. Por otro lado, yo también recomendaría no perder la perspectiva de los territorios que se atraviesan, es decir, llévate comida y recambios para la bici por si acaso.

- ¿Cuál es ese momento que no olvidaréis de vuestro recorrido por el Camino del Cid? ¿Ese paisaje? ¿Esa conversación? ¿Esa experiencia?

G.H.: Yo me quedaría con los paisajes de Guadalajara. Me sorprendieron mucho las pistas posiblemente por las circunstancias del momento en el que estaba todo verde. El resto de sitios los conocía pero la provincia de Guadalajara no y me encantó. Coincidía con la imagen que tenía de un viaje en bicicleta: un paisaje abierto pero ondulado, verde. Iba por una rodera, por mitad del campo. Lo disfruté muchísimo.  

J.F: Me cuesta quedarme con un solo momento pero destacaría las conversaciones que tuvimos con la gente de los pueblos y con lo que veías en esos pueblos. Nos parábamos en un bar y te dabas cuenta de que era el centro social en el que se conocían todos. Entraba fulanito y le servían el café sin que lo pidiera. Me quedo con la anécdota de María Ángeles, de Valdanzo, y el chorizo que compramos en la tienda bar. Nos dijo que no tenía pan porque ese día no llegaba y fue donde su madre para conseguirlo. Me quedo con esta parte más humana, de persona a persona que en la ciudad no es habitual. Me conecta con parte de mi infancia. Luego tengo mi corazoncito en Mas de Noguera, fue un sitio muy especial. Allí nos pilló el incendio de Caudiel, fueron momentos de tensión y encontré gente cercana aunque no la conociera, gente abierta y dispuesta a echarte una mano.  

- ¿Cómo se lleva viajar en pareja?

J.F: (Risas) Contesta, contesta…

G.H.: Forma parte de nosotros porque siempre lo hemos hecho. Había los típicos chistes en el periódico que nos decían que igual acabábamos contando un divorcio. Para mí es una gozada y me ha servido para disfrutar de algo que me ha costado encajar: mis aspiraciones más deportivas del viaje con las aspiraciones de ritmo más turístico de Julia. Algo que podía haber salido mal, al final ha salido estupendamente. 

J.F.: Viajar en pareja, sea el viaje que sea, siempre tiene sus complicaciones porque sales de tu zona de confort pero nosotros estamos acostumbrados. Gonzalo rebajó su parte más deportiva lo que a mí me permitió disfrutar mucho más. Es difícil porque hay que echar mano de paciencia pero no somos personas de discutir mucho y eso ayuda.

G.H.: Lo que Julia no sabe es que estoy pensando en engañar a algún amigo para hacer en una semana lo que hemos hecho en dos. ¿Sería capaz?.

Accede desde aquí a los reportajes que Gonzalo y Julia han dedicado al Camino del Cid.