Camino del Cid en BTT: Gallocanta en primavera, la belleza tranquila

15-04-2015

Alberto Luque Cortina

La semana pasada, en la Diputación de Zaragoza, firmamos con IMBA España (International Mountain Bicycling Association) un convenio de colaboración (1) destinado a señalizar los 200 kilómetros de variantes BTT del Camino del Cid.

Ya sabéis que hemos trazado 32 variantes al camino senderista desde Vivar del Cid (Burgos) hasta Orihuela (Alicante) en aquellos puntos que pueden resultar más dificultosos para los ciclistas de BTT con alforjas. El convenio con IMBA nos va a ayudar a mejorar la señalización en esos tramos alternativos conforme a criterios de calidad internacionales.

Esta señalización se verá reforzada con los tracks, ya disponibles en www.caminodelcid.org, y con topoguías exclusivas para BTT. Los trabajos, que durarán todo 2015, ya han finalizado en el anillo de Gallocanta, una ruta de 49 kilómetros con principio y final en Daroca, a unos 90 kilómetros de Zaragoza.

Así que después de la firma del convenio Víctor y Javier, por parte de IMBA, y yo, nos dirigimos a Gallocanta, a recorrer en bici el anillo y comprobar la eficacia de la nueva señalización, que era lo que más nos apetecía. La ruta une la ciudad monumental de Daroca con las lagunas de Gallocanta, un espacio natural de primer orden europeo por ser un importantísimo apeadero de grullas desde noviembre a marzo.

ANDANZAS DEL CID EN LA ZONA
Sabemos que el Cid histórico acampó durante varios días en Daroca en 1090, y que allí firmó un acuerdo con el conde catalán Berenguer Ramón II, a quien había derrotado poco antes en el Maestrazgo. El Cantar de mío Cid, a su vez, también se refiere a Daroca y afirma, con poco fundamento histórico, que la ciudad tributaba al Campeador, quien había sojuzgado con sus hombres toda la zona. Para imponer su ley, el Cid, siempre según el Cantar, estableció varios campamentos desde los que lanzaba sus algaras. Uno de ellos, el más conocido, lo situó en el Poyo del Cid (Teruel). El otro, en Allucant. No se sabe con exactitud donde se encuentra este lugar, aunque algunos estudiosos opinan que se trata de Gallocanta, población que era conocida como Allucant en el siglo XIII. En fin, se trata de una excusa magnífica para iniciar una bonita y muy apetecible ruta de fin de semana.

LA SIERRA DE SANTA CRUZ
Salimos de Daroca, a 797 metros de altitud, a eso de las cinco de la tarde, y nos encaminamos a Valdehorna y Val de San Martín, siempre en ascenso (2), inmersos en un bonito monte mixto de carrasca y pino.

A medida que ascendemos por la Sierra de Santa Cruz se despliega a nuestros ojos un paisaje espectacular de ramblas y cortados que disfrutaremos con mayor tranquilidad a la vuelta, ya que ahora estamos concentrados en subir hasta el alto que separa el valle del Jiloca de las lagunas, y que coronamos tras superar los 400 metros de desnivel que nos separan de Daroca. Es un buen momento para descansar antes de bajar a Santed. El paraje de la Sierra de Santa Cruz es de una abrupta belleza: en el alto, donde solo crecen las jaras y los brezos, sobresalen caprichosas formaciones de cuarcitas y pizarras, el aire es limpio y tibio; estar allí cuando comienza a atardecer, pienso, es un lujo que no se puede comprar con dinero (3).

El descenso hasta Santed es rápido. El camino está muy bien, pero el terreno es arcilloso y hay que tener cuidado con algunas rodadas de tractores que, tras el invierno, se han endurecido. Esto no parece preocupar mucho a mis compañeros, que bajan a velocidad vertiginosa. Yo soy más prudente y lo hago despacio, disfrutando del paisaje y de la silueta del castillo de Santed: sus dos torres se recortan contra el sol del atardecer. Desde allí nos dirigimos por un camino pedregoso (4) hasta un alto (6) donde se halla un pequeño campo local de tiro llamado curiosamente "La Jimena", y tras atravesar un bonito paso entre robles llegamos a Gallocanta.

Allí nos esperan Javier y Litzan, los dueños del albergue Allucant. Javier nos comenta las múltiples actividades que realizan en invierno, cuando los pueblos en derredor a las lagunas se llenan de visitantes, muchos de ellos extranjeros, para contemplar la espectacular parada de las grullas. En realidad las miles de grullas de Gallocanta sólo son el buque insignia de un riquísimo y variado ecosistema. Coincidimos todos en que el territorio puede ofrecer el resto del año muchas otras posibilidades de ocio activo, especialmente para los ciclistas.

LOS SECRETOS DE GALLOCANTA
A la mañana siguiente madrugo para ver el amanecer desde las lagunas. Existe una ruta llana y sin dificultades que da la vuelta a la laguna mayor. Es una gozada ciclar por esos caminos ahora, en silencio, aún de noche, entre carrizos. Me detengo en uno de los observatorios de aves y espero mientras el sol se despliega sobre las montañas, tenuemente, entre nubes (7). Es en ese momento cuando Gallocanta despliega toda su belleza: no hay grullas, pero bandadas de ánades comienzan a realizar sus acrobacias mientras la luz juega con la vegetación (8). La sensación de paz es plena, y uno sabe que, en ese instante, ha llegado al sitio en el que quería estar.

Tras dar la vuelta a la laguna me dirijo a la Oficina de Turismo de Gallocanta (9), una construcción moderna que funciona como punto de información turística y como pequeño centro de interpretación (10). Allí está Maricarmen, una profesional excelente, que nos cuenta el origen de Gallocanta y las singularidades de este ecosistema.

TERRITORIO HISTÓRICO
Con las bicis preparadas salimos de Gallocanta hacia Berrueco. A la salida encontramos algunas balizas tiradas, quizá por el paso de algún vehículo agrícola o por las obras de desbroce en los caminos. Aunque levantamos algunas (11), en tanto no hagamos obras más serias de reposición conviene aquí llevar los tracks o como mínimo la topoguía, y por cierto, la topoguía que ha hecho UTM es una gozada: sencilla, clara y precisa, y con unos mapas muy descriptivos. Ya sabéis que podéis descargaros las guías y tracks en la página del Anillo de Gallocanta.

En Berrueco (12) nos desviamos al yacimiento del Castellar (a un kilómetro), uno de los muchos poblados celtíberos de la zona (13). Aún puede verse el trazado de sus calles y unos fragmentos ciclópeos de sus muros (14).

Los asentamientos humanos documentados en la zona se remontan a unos 4.000 años. No es de extrañar: la zona es fértil, las aguas de la laguna tienen concentraciones salinas superiores a las del mar, por lo que hubo desde la antigüedad explotaciones de sal y también mineras, de hierro, que requerían una gran cantidad de leña, lo que provocaría la deforestación del territorio y la irrupción de los cultivos y zonas de pasto. Se trata de una tierra rica protegida por sierras con dos pasos naturales importantes hacia el valle del Jiloca y Molina de Aragón. Las poblaciones, desde la antigüedad, estaban fuertemente defendidas; esto explica la densidad de castillos existentes: Santed, Gallocanta (apenas vestigios), Berrueco, Tornos... La mayor parte son de origen medieval pero se asientan sobre restos más antiguos. De vuelta a Berrueco subimos a su castillo, del que se conservan dos torres. Las vistas son formidables (15) y nos hacen pensar en un reino medieval de fantasía, moteado de pequeñas fortalezas. ¿Pasó el Cid por aquí? Es probable. ¿Es este el Allucant que cita el Cantar? Quién sabe. La experiencia, en todo caso, vale la pena.

Tras sellar nuestro salvoconducto en el hotel Secaiza de Berrueco volamos hacia Castejón de Tornos (a mitad de camino comprobamos que un cultivo ha invadido unos metros del sendero) (16 y 17), y desde allí enganchamos con la variante para BTT, muy bien señalizada (18): un sube y baja por caminos de buen firme hasta que enlazamos de nuevo con la ruta senderista, ya de regreso a Daroca, con el corazón satisfecho y abastecido de nuevas experiencias y sensaciones.

INFO PRÁCTICA PARA CICLISTAS BTT
La subida por la Sierra de Santa Cruz exige un constante y pronunciado esfuerzo. Algunas bajadas requieren precaución y es probable que algunos ciclistas tengan que desmontar en pequeños tramos con piedras, pero en general se trata de una ruta bonita y diversa y, ciclada con calma, apta incluso para un usuario ocasional. Nuestra recomendación es hacerla en dos jornadas, y dar la vuelta a la laguna al atardecer o al amanecer. Dado que algunos de los caminos son arcillosos, en temporada fuerte de lluvias pueden crearse balsas de agua.

Toda la info (mapas, topoguías, tracks, alojamientos, puntos de sellado, etc.) en: http://www.caminodelcid.org/Camino.aspx?Rama=19&Eje=1&Tramo=22