Una nueva herramienta para el Camino del Cid

05-07-2013

Alberto Luque Cortina

En noviembre de 2012 presentamos en INTUR una aplicación turística sobre el Camino del Cid para móviles y tabletas. El proyecto fue posible gracias a la empresa Cotesa, que desarrolló el software y las utilidades de la aplicación dentro de unas líneas de ayuda del Ministerio de Cultura. El proyecto nació a principios de 2011: han pasado dos años desde entonces (muchísimo tiempo desde el punto de vista tecnológico), así que hemos hecho algunas modificaciones para mejorarla tanto en el software como en el contenido. Posiblemente no sean las últimas.

La aplicación ofrece información
sobre más de ochocientos puntos de interés
y sirve también de brújula para el viajero

Básicamente, la aplicación tiene dos utilidades: por un lado, ofrece información sobre puntos de interés: las poblaciones, los lugares relacionados con el Cid histórico y literario, y casi cuatrocientos monumentos declarados Bien de Interés Cultural. Por otro lado, si la cobertura de red permite la transmisión de datos, posibilita geoposicionar al usuario y a esos puntos de interés en un mapa, de modo que el viajero pueda saber dónde se encuentra en ese momento, dónde se hallan los lugares y monumentos a los que quiere ir y visitar y el modo de hacerlo por el camino más corto gracias a la tecnología que nos proporciona Google Maps. Puedes encontrar más información pinchando aquí.

Sólo un visionario podría haber anticipado
los avances tecnológicos
que se han producido en los últimos años

La verdad es que si pudiéramos retroceder tan sólo cinco años, nos sorprendería comprobar cómo han cambiado las cosas gracias a la tecnología. En todos los aspectos, la tecnología ha revolucionado el mundo del turismo. Sólo un visionario podría anticipar lo que está pasando: en nuestro caso es posible, por poner algunos ejemplos, acceder y descargar toda la información a través de internet (mapas, topoguías, etc), ponemos a vuestra disposición los tracks para que cualquiera pueda seguir nuestros caminos con la ayuda de gps, o ponemos en tu teléfono un refuerzo informativo muy importante gracias a esta aplicación para móviles, pero sobre todo contamos con las redes sociales para charlar diariamente con quienes nos acompañan en esta aventura. Y esto en cualquier parte del mundo y a cualquier hora. Estas herramientas son un hecho cotidiano, pero a mí me sigue pareciendo asombroso.

Sinceramente, creo que en vivimos borrachos de tecnología

Hace más de un siglo el maestro Bretón en su zarzuela "La verbena de la Paloma" puso en boca de uno de sus personajes una de esas frases que luego calarían en la cultura popular: "Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad". Bueno, esto lo decían en el siglo XIX: ¿qué podríamos decir ahora? Vivimos una vorágine de adelantos y novedades tecnológicas que se solapan las unas a las otras: lo que en un momento pasa por ser una innovación puntera, en cuestión de meses queda obsoleto y automáticamente olvidado. Esto pasa en todos los órdenes de la vida y también, claro, en el turismo. Sinceramente, creo que en la actualidad vivimos borrachos de tecnología.

El uso indiscriminado de estas tecnologías,
¿puede adulterar la esencia del viaje?

Esta borrachera es en muchos casos tan placentera como describían en sus versos los poetas andalusíes del siglo XI, pero a veces produce extrañas resacas. Internet, por ejemplo, permite que podamos ver fotografías de casi todos los lugares que vamos a visitar, con lo que la sorpresa antigua del viajero que descubre un lugar por primera vez a veces se desvanece. Estos chismes que utilizamos, y vamos a seguir utilizando y a saber con qué nuevas utilidades, nos permiten llegar a los sitios sin perdernos, calcular el tiempo aproximado que vamos a tardar, fijar horarios y destinos hasta tal punto que a veces nos condicionan el viaje: en ese caso pierden su utilidad como herramienta.

No existe ninguna fotografía que transmita con fidelidad
la sensación de pedalear entre campos al atardecer

En mi caso, y es la filosofía que intentamos transmitir en el Camino del Cid, no hay nada más placentero que la posibilidad de desviarse de la ruta marcada. En este sentido el Camino del Cid es solo una invitación para ponerse en marcha, entrar en pueblitos que de otro modo no conoceríamos nunca (estén o no en la ruta), o departir un rato con quienes allí viven. Lo bueno de viajar es, obviamente, el viaje, no el destino. Cuando regresamos a nuestras casas, lo que recordamos del viaje es aquello que no habíamos previsto antes de iniciarlo, generalmente pequeños momentos, sencillos pero muy intensos: el tipo ese que nos invitó a comer a su casa, cómo olía aquel campo de lavanda, la tormenta que nos pilló en mitad de la etapa y que nos obligó a refugiarnos en un chozo toda la tarde? Estas cosas forman parte esencial del viaje pero nunca podrán aparecer en una topoguía ni ser descargardas en un teléfono móvil. No existe ninguna fotografía que transmita la sensación de pedalear entre campos por un camino al atardecer: hay que estar allí para entenderlo.

El viajero encontrará en esta aplicación
los puntos de sellado del salvoconducto

Y al mismo tiempo que digo esto animo a que quienes van a hacer el Camino del Cid, y dispongan de los terminales adecuados, se descarguen la aplicación móvil: no es perfecta ni va a solucionar todos sus problemas, pero tiene muchas utilidades, yo básicamente encuentro dos: a veces esta aplicación es la única forma de obtener in situ información histórica o artística sobre algunos lugares; es también una herramienta muy práctica para quienes llevan el salvoconducto, ya que en la info de cada población aparecen los puntos de sellado.

La posibilidad de acceder a puntos poco accesibles
o desconocidos justifica su uso

La segunda utilidad es la georeferenciación de esos puntos de interés. No hay que volverse locos con su uso: en parte del Camino no hay cobertura de transmisión de datos y además el gps consume mucha batería, y no hay que perder el gusto por preguntar a la gente, pero la posibilidad de poder llegar, por ejemplo, a la loma donde estuvo la torre de Doña Urraca citada en el Cantar y para muchos inexistente, o subir hasta el castillo de la Peña Cadiella (del que solo quedan vestigios) y contemplar la sierra de Benicadell mientras respiramos historia por los poros (allí estuvieron el Cid, Pedro I y Alfonso el Batallador), justifica sobradamente su uso. Hemos hecho un gran esfuerzo de geolocalización de más de 800 puntos, algunos prácticamente desconocidos hasta la fecha, y esperamos que su uso os ayude a disfrutar más de este Camino.

En fin, ya sabéis que, si necesitáis cualquier cosa, nos encontrareis caminando.