Olocau del Rey


Olocau del Rey se disputa con Gallocanta, en Zaragoza, el honor de aparecer en el Cantar de Mio Cid, que registra en dos ocasiones el topónimo Alucant:

Entonces se mudó el Cid     al puerto de Alucant,
(verso 951)


Poblado ha mio Cid     el puerto de Alucant
(v. 1087)

Este enigmático topónimo no deja claro si hace referencia a Gallocanta o a Olocau del Rey, y por desgracia el Cantar de Mio Cid tampoco da las suficientes referencias para saber si se trata de alguno de estos dos lugares, o si uno de los versos hace referencia a Gallocanta y el otro a Olocau del Rey, sin descartar que se trate de un tercer emplazamiento, todaví­a sin identificar.

El nombre de Olocau del Rey proviene del antiguo castillo musulmán de Olcaf, un verdadero nido de Águila que se levanta a 1.200 metros de altitud, de gran importancia estratégica. Según la Historia Roderici, el Cid histórico, a las órdenes de la taifa de Zaragoza, se asentó en el castillo de Alolala, entre 1088 y 1090, con el fin de controlar la zona, y aquí­ pasó un duro invierno. Aunque tradicionalmente se ha identificado Alolala con Olocau del Rey, los recientes estudios de Alfonso Boix apuntan a que Alolala podrí­a hallarse en las inmediaciones de La Pobleta d`Alcolea, al norte de Morella, en la misma frontera aragonesa. En cualquier caso, no serí­a extraño que el Campeador, quien realizó diversas campañas por la comarca castellonense de Els Ports (a la que pertenece esta localidad) hubiese pasado o permanecido en Olocau del Rey.

En 1180, el rey Alfonso II de Aragón concedió a la Orden del Hospital el castillo de Olocau, que aún no habí­a sido conquistado (acción muy tí­pica de los reyes cristianos medievales, que así­ animaban a los beneficiarios de la donación a conquistar cuanto antes la plaza). Revocada la concesión, en 1271 el infante Don Pedro, hijo del rey Jaime I, conquistó el castillo y dio carta de población a Arnaldo de Sauit y diez pobladores más. En 1287 el rey Alfonso III agregó Olocau a Morella.

Qué ver y hacer

Olocau del Rey es uno de esos lugares con magia dentro del Camino del Cid. Situado en la comarca montañosa de Els Ports, a más de mil metros de altitud, parece estar camino de ninguna parte, y sin embargo fue en tiempos una plaza importante por su estratégica situación, y aún hoy conserva parte de su carácter fronterizo entre Aragón y el Levante.

Rodeada por montañas de más de 1.200 metros, es una localidad pequeña donde predominan las casas de piedra y algunos edificios singulares, como el Ayuntamiento -un palacio renacentista de de influencia aragonesa-, el Palacio del Marqués de Figuera o la antigua cárcel. Al igual que Villafranca del Cid, posee un viejo horno comunal del siglo XIII, uno de los más antiguos de la Comunidad Valenciana, así­ como la lonja de lanas, del siglo XVI. La iglesia parroquial de la Virgen del Pópulo, fue construida a finales del siglo XIII; la puerta sur posee unas arquivoltas de tradición románica, y en su interior acoge una interesante talla románico gótica, La Virgen de la Naranja, procedente de una de las ermitas de los alrededores.

Desde el pueblo se ven las ruinas casi fantasmales del castillo musulmán de Alolala; se halla a 1.200 metros; de planta estrecha y alargada, conserva algunos lienzos de la muralla y la base de su torre circular.

Además, no puedes perderte:

Subir al castillo. El viejo castillo de Olocau, hoy en ruinas, es un lugar de gran poder evocador. Aunque no se sabe con plena seguridad si este fue el castillo que el Cid reforzó para usarlo como puesto de avanzada entre 1088 y 1090, guarda toda su fuerza evocadora. Si el viajero sube hasta allí­, contempla el fantástico paisaje a su alrededor y siente el viento -si lo hace al atardecer en otoño o primavera-, y el frí­o si lo hace en invierno, podrá deducir el tesón y resistencia de aquel grupo reducido de hombres, alejados de sus hogares, en territorio desconocido, que protegiéndose como podí­an del invierno y de sus largas noches, envueltos en pieles, entre el humo de las hogueras, rememoraban a sus familiares o cantaban nostálgicas canciones de su tierra, a la espera interminable de nuevas órdenes o acontecimientos.

Información práctica

Rev. (PAB) 06.07.2016