El ceñidor de la Sultana

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Rendida ya la ciudad de Valencia, el Cid sometió a un terrible tormento al cadí Ibn Yahhaf al haber apartado del poder y asesinado al rey Al-Qadir, su protegido, en 1092. Rodrigo lo condenó a muerte y el 1 de julio de 1095, Ibn Yahhaf fue enterrado hasta el pecho y quemado vivo, según recogen diversas fuentes. La tradición cuenta que el Cid, en realidad, quería saber dónde se encontraba una valiosísima joya: un ceñidor de la legendaria sultana Zobeida, esposa del sultán Harun-ar-Rashid y que Ibn Yahhaf había escondido.  

Rev. PAB: 26.12.19