Estatua del Cid de Valencia

Ubicación:

Plaza de España. Valencia

Teléfono:

963 524 908 - Oficina de Turismo

La estatua del Cid, de Valencia, tiene un gran valor simbólico para muchos de los viajeros del Camino del Cid que acuden hasta aquí para hacerse una foto que "hermanan" con otras esculturas de muy diverso calado y factura encontradas a lo largo del Camino en Vivar, Burgos, Caleruega y el Poyo del Cid.

Esta es de Juan de Ávalos. La estatua original es obra de la escultora norteamericana Anna Hyatt Huntington, y se encuentra en los jardines de la Hispanic Society of America, en Nueva York. La propia autora hizo copia de la escultura para la ciudad de Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. De esta última escultura, Juan de Ávalos hizo la copia que se encuentra en Valencia.

Existen además, copias en Buenos Aires, San Diego y San Francisco.

La relación entre el Cid histórico y Valencia es bien conocida: tras la conquista de Toledo en 1085 el rey Alfonso VI de Castilla puso en el trono de Valencia, en febrero de 1086, a su rey títere al-Qadir, quien fue escoltado hasta Valencia por Álvar Fáñez, fiel caballero del rey Alfonso. Al-Qadir, al ser atacado en 1087 por el rey de la taifa leridana al-Mundir, pidió ayuda al rey al-Mustain de Zaragoza, quien fue con el Campeador hacia Valencia. Rodrigo logró levantar el cerco y, en un giro de intereses, decidió ponerse del lado de al-Qadir, dejando así de estar al servicio del zaragozano y pasando a proteger, con numerosos altibajos, al rey valenciano. La situación política de la zona era muy inestable y los intereses de los protagonistas cambiaban con rapidez. En 1094, muerto ya al-Qadir, y  tras seis meses de duro asedio en los que la ciudad tuvo que soportar un hambre devastadora, el Cid conquistó Valencia (15 de junio de 1094). La importancia de Valencia era tal que hubo diversos intentos de reconquista por parte de los almorávides, provenientes de Marruecos, todos frustrados hasta la muerte del Campeador, en la ciudad, el 10 de julio de 1099.  Su viuda, Jimena Díaz, defendió la plaza con la ayuda de Alfonso VI frente a las huestes almorávides hasta que la situación se hizo insostenible, prendiendo fuego a la ciudad y abandonándola en 1102, llevándose el cadáver de su marido a al monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña.

Visita: libre.

Rev. ALC: 19.09.17