Santa María de Huerta


Santa María de Huerta es famosa por el monasterio cisterciense que da nombre a la localidad. Este monasterio fue fundado en el año 1162 a partir de unas granjas que poseían los monjes. Precisamente en el monasterio se halla enterrada una de las bisnietas del Cid, doña Sancha, junto a su marido, don Pedro Manrique, segundo conde de Molina.

Los restos de doña Sancha nos sirven de excusa para recordar una rama de la descendencia del Cid, abuelo y bisabuelo de reyes, tatarabuelo de Alfonso VIII. Cristina, una de las hijas del Cid, se casó con el infante navarro Ramiro Sánchez, señor de Monzón; su primogénito fue rey de Navarra, conocido como García el Restaurador. García engendró en su primer matrimonio a Sancho VI el Sabio, y a Blanca de Navarra, reina de Castilla, madre de Alfonso VIII. En segundas nupcias, García tuvo una hija con Urraca, hija natural de Alfonso VII. Esta, hemanastra de Blanca de Navarra, era doña Sancha, cuyos restos se hayan ahora enterrados en el Monasterio de Huerta.

Qué ver y hacer

El Camino del Cid por tierras sorianas finaliza en Santa María de Huerta, localidad que, al igual que Santo Domingo de Silos en Burgos, recibe su nombre del monasterio. La localidad posee más de 400 habitantes, y en ella el viajero puede hallar comida y alojamiento.

El monasterio es de estilo gótico, aunque convive con otros estilos arquitectónicos de las sucesivas reformas y ampliaciones. El claustro, por ejemplo: su primera planta es gótica; la segunda es plateresca, del siglo XVI. A través de su observación podemos comprobar la diferente mentalidad que separa ambas épocas. La parte visitable más antigua del monasterio es el refectorio de conversos, del siglo XII. El espacio que da fama internacional a este monasterio es su espléndido refectorio, el comedor de los monjes. En el refectorio, cuya construcción se inició en 1215, se alza una original bóveda sexpartita, muy singular, que no deja a nadie indiferente. En la misma sala, hay una escalera de arcos, abierta en el muro, que da acceso al púlpito desde donde, como era costumbre, se leían pasajes de la Biblia mientras los monjes comían en silencio.

Información práctica

Rev. (PAB) 07.07.2016