Monreal del Campo


Espoleó mí­o Cid, se iba todo adelante,

allí­ se fijó en un poyo que está junto a Monreal;
alto es el poyo, maravilloso y grande,
no teme un asalto, sabed, por ninguna parte.
Versos 862 y ss. CMC

Según el Cantar, Monreal del Campo es lugar de paso y al mismo tiempo un enclave importante, ya que es citado en dos ocasiones: en el verso 863 (para ubicar el Poyo del Cid utiliza como referencia Monreal) y en el 1186 (el Cid se desplaza desde Murviedro hasta Aragón para reclutar hombres para la conquista de Valencia, y llega a la zona de Monreal). Sin duda, el motivo de estas citas es debido a la importancia de Monreal durante el siglo XII. En realidad, es muy posible que el Cid histórico nunca conociera Monreal, ya que Rodrigo murió en el año 1099 y con toda seguridad Monreal fue fundada por Alfonso I el Batallador entre 1120 y 1122, según los trabajos del historiador Pascual Crespo. El autor del Cantar, escrito a finales del siglo XII o principios del XIII, quiso recoger este lugar que, si bien anacrónico, podrí­a servir de referencia contemporánea a sus oyentes o espectadores.

Tras la conquista de Calatayud y Daroca a los almorávides y tras la batalla de Cutanda, en 1120, Alfonso I decide fundar y construir un castillo en "un lugar que se halla a las fuentes del rí­o Jiloca, y que llaman los Ojos", estableciéndose como punto de avanzada en el centro mismo de la llanura, por entonces despoblada, del Jiloca. El nombre: Monreal, o Mont Real, cuyo signficado, según el Arzobispo Guillermo de Aux (Siglo XII) es "mansión del rey celestial". Alfonso I funda también aquí­ la milicia de San Salvador de Monreal, la Militia Christi, a semejanza de las órdenes militares y religiosas de la época, y pasa por ser la primera orden militar fundada en España. No serí­a la única, ya que también fundó otra en Belchite. La ajetreada vida militar de Alfonso I guarda curiosas similitudes con la vida de Rodrigo Dí­az; una de ellas es el intento de conquista de Peña Cadiella, en el Benicadell, punto estratégico muy importante en pleno reino de Valencia. Tras la muerte de Alfonso I el castillo serí­a ocupado por fuerzas musulmanas para ser de nuevo reconquistado en 1142.

Qué ver y hacer

Para revivir la historia de Monreal del Campo el viajero deberá cruzar alguna de las largas calles que corren perpendiculares a la carretera y entrar en el núcleo antiguo, facilmente localizable gracias a su solitaria torre campanario, divisable desde muchos puntos de la localidad. La torre actual se asienta sobre un montí­culo: este lugar es el origen de Monreal, pues en él se construyó por orden de Alfonso I el Batallador un pequeño castillo que, a principios del siglo XII, constituí­a un puesto de avanzada en la amplia llanura del Jiloca, y un bastión defensivo frente a la vanguardia almorávide. Del viejo castillo no queda nada: en 1840, durante las guerras carlistas, Monreal fue escenario de choques entre liberales y carlistas que produjeron graves incendios en la villa, arruinando el castillo y la primitiva iglesia. Sobre la base de la edificación se levantó entre 1849 y 1854 la actual Torre Cimera, de planta cuadrada. En la torre puede verse un escudo con una Flor de Lis, emblema borbónico; fue Felipe V quien en 1709 concedió a la ciudad el privilegio de usarlo por su lealtad en la Guerra de Sucesión (1701-1714) otorgando a Monreal el tí­tulo de Fidelí­sima y Muy Noble Villa, así­ como otros privilegios y exenciones. Desde la base de la torre puede adivinarse, en la alineación de las calles colindantes, la planta del castillo y sus murallas, también desaparecidas.

En las inmediaciones de la torre campanario y de la iglesia barroca, el viajero podrá ver algunos ejemplos relevantes de casas señoriales aragonesas de los siglos XVI, XVII y XVIII. Una de ellas es hoy Casa de la Cultura y sede del Museo del Azafrán, en el que se albergan herramientas y utensilios que se empleaban en el siglo pasado en el cultivo y comercialización del azafrán.Esta especia fue introducida en España por los árabes, quienes valoraban sus cualidades gastronómicas y medicinales; a partir de entonces se convirtió en un condimento indispensable en la comida hispanoárabe. Aunque su cultivo desapareció a finales del siglo XX, el azafrán sigue estando presente en algunos platos tradicionales monrealenses como expresión del legado cultural de aquellos tiempos.

Desde Monreal el viajero puede dirigirse a un humedal denominado los Ojos del rí­o Jiloca, producto de un curioso fenómeno natural, y situado a escasos dos kilómetros del pueblo. Esta zona es punto de descarga de aguas subterráneas que dan lugar a manantiales conectados entre sí­ en forma de rosario, y que constituyen el nacimiento natural del rí­o Jiloca. Este humedal sirve de refugio a un buen número de especies animales, fundamentalmente aves acuáticas.

Fruto de su pasado medieval Monreal del Campo celebra una recreación de la fundación del municipio y de la Militia Christi que tiene lugar en la segunda quincena del mes de junio.

Información práctica

Rev. (PAB) 07.07.2016