Luzón


Iban a cruzar los montes, los que llaman de Luzón, 

atravesaron Arbujuelo y llegan al Jalón, 
donde lo llaman El Ansarera ellos acampados son
Versos 2653 y ss. CMC

Existe poca información sobre el pasado medieval de Luzón si bien a partir del siglo XII formó parte del Común de la Villa y Tierra de Medinaceli, una de las comunidades más extensas al ocupar el sureste de la actual provincia de Soria y una gran franja central de la de Guadalajara. Algunas hipótesis defienden que el nombre de Luzón evoca la antigua presencia de la tribu celtíbera de los lusones en los alrededores. Un planteamiento que, si bien para muchos no resulta del todo convincente, puede justificarse por los restos de una ciudadela celtibérica, conocida hoy por los arqueólogos con el nombre de La Cava, y que se encuentra enclavado en el término municipal de Luzón en un punto de indudable valor estratégico puesto que se encuentra entre las cuencas de los ríos Tajo, Duero y Ebro. Frente al yacimiento se alza una pequeña fortaleza o torre que, aún hoy, se conoce como el castillo de los moros y que se encuentra en estado de ruina progresiva. 

En lo que a toponimia se refiere, es muy llamativa la relación existente entre el pueblo de Luzón y la isla homónima de Filipinas. Curiosamente, en la cercana Molina de Aragón se alza el Palacio del Virrey de Manila (también conocida como la Casa de las Pinturas), construido por Fernando de Valdés y Tamón y donde al parecer se instaló tras abandonar Manila y casarse con una molinesa. Aunque es difícil establecer una relación entre ambos “luzones” lo cierto es que son curiosas las coincidencias que se producen entre la localidad castellana y la isla asiática.

Qué ver y hacer

Luzón se asienta sobre un pequeño cerro al que rodea el río Tajuña cuando apenas es todavía un arroyo. Posee dos partes bien delimitadas: una ancha, asentada en lo bajo del municipio y donde se abre la plaza mayor y otra alta, la más antigua, en la que el viajero podrá distinguir las antiguas escuelas hoy convertidas en un activo museo: el Museo de las Escuelas. Inaugurado en 2009, supuso la recuperación del edificio que albergaba las citadas escuelas ya que éstas corrían riesgo de derrumbe. Su visita permitirá al viajero conocer (o recordar) cómo eran las escuelas de los años 40 y 50 pues se exhiben pupitres alargados de madera con espacio para los tinteros, enciclopedias de la época, cartillas de escolaridad o antiguos mapas. El museo, además, hace un recorrido histórico por la localidad: desde los orígenes celtibéricos de la villa hasta el propio Cantar de mío Cid, donde la localidad quedó inmortalizada. Además, junto a sus exposiciones permanentes el museo programa otras de carácter temporal así como conciertos de diferentes disciplinas. 

Como no podía ser de otra forma, el Museo de las Escuelas de Luzón dedica una sala a “Los Diablos”, los protagonistas del peculiar carnaval que se celebra en la localidad. Para hablar del Carnaval de Luzón hay que remontarse al siglo XIV ya que, al parecer, existen pruebas documentales de esa época que ya hacían referencia a la celebración. Se especula, no obstante, que para averiguar el origen de esta tradición habría que remontarse muchos siglos atrás. La festividad dejó de celebrarse a raíz de las migraciones de las poblaciones rurales de la comarca a las ciudades y debido a la censura de la dictadura franquista ejercida con este tipo de celebraciones catalogadas como censurables por su carácter pagano. Gracias a la memoria de los vecinos de la localidad y a la Asociación Amigos de Luzón logró recuperarse esta tradición que, aunque antiguamente se celebraba el domingo, lunes, martes y primer domingo de Cuaresma, en la actualidad tiene lugar el sábado de Carnaval. La tranquilidad y quietud de Luzón, con apenas 80 habitantes, se rompe con los sonidos de los cencerros (llamados trucos y cañones) que portan los mozos del pueblo cuya cara, cuello, brazos y manos han tiznado con una mezcla de aceite quemado con hollín. Acompañan su peculiar apariencia vistiendo negras vestiduras - una blusa y un faldón – y en la cabeza unos enormes cuernos con almohadilla que se atan a los hombros y la frente, todo ello tapado por un pañuelo hasta la nuca. Los Diablos, tras vestirse en un lugar secreto, bajan corriendo al caserío mordiendo un trozo de patata que les sirve para refrescarse y a modo de dentadura postiza. Lo hacen al caer la tarde lo cual les confiere un aspecto aún más misterioso. Al llegar a la plaza corren entre las mascaritas y disfrazados asustando al personal y tiznando con su negro ungüento, sobre todo a las mozas. Una vez calmada la euforia, los diablos disfrazados recorren las frías calles al caer la tarde en una extraña y llamativa procesión. Las mascaritas son el contrapunto a los diablos. Pueden disfrazarse tanto hombres como mujeres. Llevan la cara tapada con un trapo blanco en el que hacen unos agujeros para dejar libres los ojos, la nariz y la boca y cubren la cabeza con un pañuelo estampado. Van vestidas con prendas tradicionales, entre las que destacan las sayas de colores. Por su condición de mascaritas no son perseguidas por los diablos. No obstante llevan una vara o bastón por si tuvieran que defenderse.

Si el visitante logra superar el trance de Los Diablos puede dirigirse a la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol obra sencilla del siglo XVI en cuyo interior hay un órgano del siglo XVIII que, lamentablemente, se conserva en muy mal estado. La iglesia cuenta con dos campanas. Curiosamente, un día en el que estaban tocando uno de los badajos cayó en la plaza dejando marcas notables en el pavimento.  

Información práctica

  • Dirección postal del ayuntamiento: Plaza Doctor Layna Serrano, 1
  • Teléfono: 949 839 602
  • Correo electrónico: aytoluzon@gmail.com
  • Habitantes: 62
  • Altitud: 1176 m.

Rev. (PAB) 07.07.2016