Layna


Pasan los bosques,   que son salvajes y grandes,

cruzaron   Campo Taranz
de tal modo   que de nada se han de asustar,
por el valle de Arbujuelo   se disponen a bajar.
Versos 1491 y ss, CMC

El Campo Taranz es citado en numerosas ocasiones en el Cantar de mío Cid, ya como lugar de paso para los viajeros entre Anguita y el Jalón o entre Molina de Aragón y Medinaceli, como en esta ocasión en la que Muño Gustioz y Avengalvón se dirigen a Medinaceli para escoltar a Jimena y a sus hijas. El topónimo Campo Taranz alude a la meseta que divide las cuencas del Tajuña y del Jalón, tras la cual se entra en el valle del Arbujuelo, en las proximidades de Medinaceli: no es, pues, descabellado pensar que el itinerario entre Molina y Medinaceli atravesara Layna o sus alrededores, pasaje natural entre ambos puntos geográficos.

Tanto en vida del Cid como en los tiempos de la creación del Cantar, este territorio, agreste y fronterizo, estuvo muy poco poblado y casi siempre bajo dominio musulmán. Dependiente de la vecina Medinaceli, esta fue tomada brevemente por Alfonso VI en 1104 -el Cid murió en 1099- y en 1114 fue recobrada por los almorávides hasta 1127, año en que es conquistada por Alfonso I el Batallador. Algunos estudiosos apuntan al origen etimológico árabe de la población, Al - Ayna, que podría referirse a la existencia de manantiales y agua abundante en sus alrededores.

Qué ver y hacer

Layna se encuentra en un páramo que practicamente se extiende desde Anguita hasta Salinas de Medinaceli, una zona extensa que parcialmente se identifica con el Campo Taranz, punteada con pequeñas poblaciones, como Layna, enmarcadas en un paisaje fascinante, silencioso, estepario, de gran interés medio ambiental, pues cobija, entre otras especies, una importante población de alondra Dupont, también conocida como alondra ricotí, y conforma junto con los Altos de Barahona una importantísima reserva mundial de estas aves. La zona, mayoritariamente brezales y campos cerealísticos, es óptima para todo tipo de aves esteparias, incluidas las rapaces. Hace unos cuatro millones de años, eran otros los animales que habitaban estas tierras: en el término de Layna se halla la primera Reserva Paleontológica Nacional de España, el yacimiento de Cerro Pelado donde se han localizado fósiles de hace más de cuatro millones de años, confirmando la presencia en el territorio de osos, primates y tigres de dientes de sable, entre otros.

El pueblo, dominado por la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza, es pequeño y recogido con un trazado de sus calles levemente angosto y tortuoso de cierta evocación medieval. Además, el término de Layna es rico en agua y manantiales, y aquí nace el río Blanco, principal afluente del río Jalón en su parte alta. Es también, durante la temporada, una buena zona de setas y trufas. Ya en la carretera hacia Medinaceli, el viajero puede ver varias chozas de piedra y lajas, en tiempos refugio para los pastores que atravesaban la paramera.

Como curiosidad, fue en Layna donde, en la primera mitad del siglo XX el musicólogo Kurt Schindler escuchó diversos cantares, entre ellos el romance de la Cristiana Cautiva y el de la Blanca Rosa. Las leyendas no acaban aquí; la otra tiene que ver con Obetago, un pueblo abandonado muy cercano a Layna, cuyas ruinas apenas ya se distinguen, salvo la iglesia, desde la carretera que conduce a Anguita. De su desaparición se culpa tradicionalmente a una culebra que envenenó el agua y con ello a todos sus habitantes, menos a una mujer. Lo cierto es que Madoz (1849) explica la despoblación del pueblo, por entonces con un solo vecino, por la terrible mortandad producida en personas y ganados por las aguas corrompidas de sus balsas y estanques.

Información práctica

  • Habitantes: 40
  • Altitud: 861 m.

Rev. (PAB) 07.07.2016