Calamocha


Calamocha se asienta en la extensa llanura del Jiloca, en la margen derecha del rí­o. Lugar de paso desde la antiguedad y posible puesto de avanzada, por su término discurrí­a la calzada romana  que uní­a Zaragoza y Córdoba, y del que aún se conserva el puente romano de un ojo sobre el Jiloca, uno de los sí­mbolos de la ciudad. El nombre de Calamocha es de origen árabe; la llegada musulmana a la zona supuso, entre otras cosas,  el desarrollo de un complejo sistema de acequias de riego, algunas de las cuales aún existen. En tiempos del Cid Calamocha se hallaba bajo la influencia de la Taifa de Albarrací­n, gobernada por el linaje bereber de los Banú Razí­n. Precisamente en la primavera de 1088 el Cid acampó en Calamocha con un fuerte ejército de 7.000 hombres. La presencia de este contingente armado supuso que el rey de Albarrací­n, Abu Marwan ibn Razin, se hiciera tributario del rey Alfonso VI. Dos años después, en 1090, serí­a el conde de Barcelona quien aquí­ acampara con un poderoso ejército, en su búsqueda de aliados contra el Cid. Con respecto al Cantar, el poeta nada dice de Calamocha, pero señala la existencia de El Poyo del Cid, población contigua a Calamocha. El territorio permanecerá bajo dominio musulmán hasta 1213, cuando pasa al reino de Aragón, siendo rey Alfonso I "El Batallador".

Qué ver y hacer

Entrar en Calamocha a través de la antigua nacional jalonada de hostales y restaurantes donde sirven el excelente jamón de Teruel puede ofrecer una imagen parcial de la ciudad. En realidad Calamocha es una población cuyos orí­genes documentados se remontan a la Alta Edad Media, si bien el paso del tiempo ha hecho de la localidad una cabecera de comarca, con aproximadamente 4.500 habitantes, de urbanismo moderno, y sin embargo Calamocha encierra algunas sorpresas al viajero. La primera es que, aunque parece una ciudad de secano, es una ciudad de agua: numerosas corrientes subterráneas atraviesan la ciudad, fluyendo en acequias y fuentes, y dando lugar a parques y lugares de recreo. Precisamente uno de los sí­mbolos de la ciudad, su puente romano, construido en el siglo I d.C., atraviesa el Jiloca muy cerca de donde se encuentran el viejo lavadero de lanas, hoy restaurado, y que, junto con las ruinas de los molinos, nos recuerda el pasado industrial de la localidad. De este lavadero, que formaba parte de una red que se extendí­a por el casco urbano, se conserva el patio de lavado, con cinco pilas en piedra, los muros de la vieja noria y las viviendas contiguas de algunos mercaderes. Fue construido en el siglo XVII y mantuvo su actividad hasta finales del XIX. De la importancia de la industria textil en Calamocha da buena cuenta el desaparecido Batán de Angulo, el lavadero de lanas y la Fábrica de hilados "La Atrevida" y, ya a comienzos del siglo XX,  la Fábrica de mantas de Daudén.

Atravesando el rí­o y ya en el caso antiguo, nos encontramos con la iglesia parroquial de la Asunción (S.XVI y XVII principalmente), cuya torre es visible desde muchos puntos de la población; en su construcción se mezclan los estilos gótico tardí­o y barroco. La imponente portada retablo es dieciochesca, y su interior guarda varios retablos barrocos de interés. Desde allí­, y en el casco antiguo, veremos algunas casas y palacetes solariegos (Rivera, Valero Bernabé, Vicente de Espejo, etc.) de distintos estilos y épocas. La visita a Calamocha puede finalizar en el Parque municipal, un cuidado entorno de recreo que proporcionará al viajero un lugar agradable en el que descansar y reponer fuerzas.

Además, no puedes perderte...
  • Probar el Jamón de Teruel. En realidad puedes comerlo en cualquier punto de la provincia, pero en Calamocha abundan los secaderos y no te costará encontrar un lugar donde comerte una buena ración, sin duda un buen "bautizo" para quienes entran en Teruel siguiendo el Camino del Cid.

Información práctica

Rev. (PAB) 07.07.2016