Burbáguena


Burbáguena se encuentra ubicada a orillas del río Jiloca en el valle del mismo nombre.  El primer documento conocido sobre la localidad data del año 1156 donde se la nombra como Burbaca. Posteriores evoluciones del lenguaje hace que aparezca en el siglo XIV como Burbachana. El origen del nombre es relativamente confuso y existen varias teorías al respecto: unos piensan que es de procedencia prerromana, por su derivación “bai” de significado “río” o los destacan su origen árabe ya que la raíz “bur” significa “castillo o fortaleza” y es que Burbáguena estuvo en poder árabe hasta las primeras décadas del siglo XII, época en la que ya debía existir el castillo de la localidad el cual fue posesión de Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona y, por lo que respecta a nuestra historia, sobrino nieto de Berenguer Ramón II, conde de Barcelona al que el Cid derrotó en la batalla del pinar de Tévar, el mismo que luego se convertiría en su aliado. 

En 1248, por privilegio de Jaime I, Burbáguena se desliga de la dependencia de Daroca y pasa a depender directamente del control regio.

Qué ver y hacer

Remontando el valle del río Jiloca en su tramo medio, rodeada de una feraz vega que le ha dado fama desde hace siglos, llegamos hasta Burbáguena. El paisaje del entorno está dominado por pequeños huertos, campos de frutales (cerezos, perales y manzanos sobre todo) y frondosas choperas en torno al cauce del río. Es precisamente en este espacio donde localizaremos algunos bellos ejemplares de chopo cabecero que desde hace siglos forman parte inseparable de los paisajes del Jiloca.    

La vista se nos pierde siguiendo las laderas en las que se encaja el valle, donde tan sólo los terrenos más aptos para el cultivo aparecen cultivados. A su lado, el monte avanza lentamente transformando los campos abandonados y no hace muchos años cubiertos de viñedos, producto de la despoblación de estas tierras. Y en la lejanía, bosques de carrascas y pinares donde los vecinos se desplazan todos los otoños en busca de los preciados hongos.    

Desde la antigüedad el valle del Jiloca ha sido un importante eje de comunicación entre el levante y el noreste peninsular, por lo que no resulta extraño, que en su término se hayan encontrado restos de un poblado celtíbero e incluso talleres de silex más antiguos. Sin embargo, habrá que esperar hasta el siglo XII para encontrar los primeros documentos que hagan referencia a la población, y que reflejan la existencia de una fortaleza amurallada.

El caserío se agrupa en la margen derecha del valle, a los pies de su antiguo castillo. Una calle por la que desagua la rambla del Puerto y desde antiguo ocasiona molestias en época de lluvias, divide en dos a la población. Lo primero que llamará la atención al viajero que llega a Burbáguena es la espectacular torre de cinco cuerpos de la iglesia de la Asunción; un edificio barroco del siglo XVIII que fiel al espíritu de las iglesias de la comarca, mantiene influencias mudéjares tardías en su torre. Paseando por sus calles observaremos varias casas palaciegas en las que se han conservado buena parte de los elementos característicos de los palacios aragoneses: galerías con arcadas, portadas, aleros... En la parte superior del cerro desde donde se domina buena parte del valle, se alzan las ruinas del antiguo castillo, del cual apenas quedan en pie un tramo de la muralla, dos torres de tapial muy transformadas y la base de una tercera sobre la cual se ha levantado en época reciente una torre con un reloj y campanario.

Los visitantes que accedan por el camino de tierra desde Báguena (senderistas y ciclistas) podrán parar a refrescarse en la antigua fuente o acercarse al antiguo molino harinero, que tras evolucionar a fábrica de luz a principios del siglo XX se ha transformado en una hotel restaurante muy especial.

Información práctica

  • Dirección postal del ayuntamiento: Calle Mayor, 4
  • Teléfono: 978 733 217
  • Correo electrónico: ayto_burbaguena@yahoo.es
  • Habitantes: 254
  • Altitud: 814 m.

Rev. (PAB) 26.05.2017