Báguena


Báguena se sitúa en la extensa llanura del Jiloca, en la margen derecha del río que da nombre a la comarca. Parece que el origen de Báguena estuvo en el castillo denominado El Vayo, situado en las cercanías del actual núcleo poblacional. Éste se asienta sobre un yacimiento íbero, sobre el que los musulmanes construyeron un castillo que pasó a manos de la Orden del Temple tras la reconquista. La Orden, a partir del castillo, edificó el pueblo que pasó a pertenecer a la Comunidad de aldeas de Daroca, junto con otros de la zona como Burbáguena o Monreal del Campo. Dada la cercanía del poblado con la frontera castellana, sufrió frecuentes ataques durante el siglo XIV. Quizás el más destacado fue el sucedido en el año 1363 durante la Guerra de los Dos Pedros que enfrentó a los reinos de Aragón y Castilla. La fortaleza de Báguena fue cercada por el ejército castellano exigiendo la rendición incondicional del puesto. El alcaide del castillo, Miguel de Bernabé, se negó en rotundo a la capitulación, resistiendo el empuje de las tropas castellanas, hasta que el fuego arrasó completamente la fortaleza, muriendo el alcaide y los soldados que lo defendían. En el año 1372, en las Cortes celebradas en Zaragoza, el rey aragonés reconoció la hazaña de Báguena, agradeciendo al ya fallecido alcaide el gesto de preferir morir entre las llamas antes que entregar el castillo. 

Qué ver y hacer

Báguena se ubica en el tramo intermedio del río Jiloca; un entorno singular dominado por la fértil vega que se extiende por el fondo del valle y los frondosos bosques de galería, protegiendo el serpentear del río. En sus extremos, por las suaves laderas alejadas de la humedad del río los campos de cereal aprovechan las tierras más accesibles, reservando los espacios más agrestes al monte bajo y el pinar. 

El núcleo se sitúa entre dos cerros, con una disposición alargada en torno a la calle principal; antigua carretera, donde encontraremos los edificios más destacados, como la iglesia de la Asunción; joya mudéjar declarada Patrimonio de la Humanidad, cuya torre pasa por ser una de las más finamente decoradas del conjunto turolense. A su lado, nos llamará la atención la enorme fachada de la casa Lucías, ejemplo de palacio renacentista-barroco aragonés como también lo es la casa Calvo. No debemos de dejar de visitar el convento de San Valentín, edificio del siglo XVII con una hermosa portada manierista. Alejado de la población, un robusto puente de tres ojos fabricado en buen sillar en el siglo XVIII, da la bienvenida a los visitantes del Camino del Cid que acceden a la población. 

En la parte superior del cerro derecho, dominando la población, encontramos el castillo de origen medieval en torno al cual surgió la población. Del edificio original templario apenas se conservan los restos de las torres y partes de la muralla, a excepción de una bella torre de planta cuadrada restaurada recientemente. En su entorno se han hallado fragmentos de cerámica ibérica y musulmana, indicadores de que el lugar ha estado poblado desde la antigüedad.  

A poco más de 3 kilómetros de la población, podemos desviarnos siguiendo un camino de buen firme para visitar el barranco de Arguilay; un espacio natural de gran belleza donde el agua es el protagonista de  espectaculares formaciones geológicas.  

Información práctica

Rev. (PAB) 12.05.2017