Arcos de Jalón


Arcos de Jalón se halla a orillas del río Jalón, en el sur de Soria; es frontera con Aragón y lugar de paso desde la Antigüedad. Romanos, celtíberos y visigodos se asentaron en estas tierras antes de la llegada de los musulmanes. El gentilicio de la villa (arcobrigense o arcobricense) nos remite a la vecina ciudad celtibérica de Arcóbriga, situada en la vecina Monreal de Ariza, en la provincia de Zaragoza. El castillo de Arcos, del siglo XIV, pero edificado sobre otro anterior islámico, formó parte de la línea defensiva de castillos fronterizos junto con los de Montuenga, Somaén, Jubera y Medinaceli, y posteriormente, en el siglo XIV, fue parte activa durante los conflictos entre Aragón y Castilla por delimitar la frontera o Raya entre ambos reinos. Durante el siglo XI estuvo bajo dominio islámico. Aún después de la conquista cristiana permaneció una importante población musulmana, como demuestra el gran número de procesos que inició la Inquisición contra los moriscos de la villa.

Qué ver y hacer

Arcos de Jalón es cabecera de comarca y aglutina buen número de los servicios de la zona de Medinaceli, compuesta por lo general de pueblos muy pequeños y de escasa población. La villa, pequeña y fácil de recorrer, posee una arquitectura irregular en la que se superponen las casas tradicionales y otras de moderna construcción,  y está cruzada por dos importantes vías: la férrea, y otra natural: el río Jalón, que nace en muy cerca, en Esteras, y tras cruzar Medinaceli, Lodares, Jubera, y Somaén, llega a Arcos aún en su cauce alto, y no nos abandona ya en nuestro camino hasta Calatayud.

Tras cruzar el río nos aproximamos al castillo por las callejas irregulares del casco antiguo, siempre en ligero desnivel, que crecen a las faldas del castillo. La plaza mayor es pequeña y de planta irregular. En uno de sus vértices se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que conjuga diversos estilos (gótico-renacentista y barroco). Iniciada en la primera mitad del siglo XVI, fue reconstruida en el XVIII. De su estilo gótico tardío aún conserva la cabecera poligonal de cinco paños, y  la primitiva bóveda de crucería de la capilla mayor. En las calles de alrededor hay algunos ejemplos, aunque cada vez  más escasos, de arquitectura tradicional y en algún caso de viejas casonas. No perdemos de vista, sin embargo, la torre del castillo de Arcos, visible casi desde cualquier punto de la localidad, y al que accedemos a través de cualquiera de las callejuelas de aspecto morisco que lo circundan. Al acercarnos vemos que la torre que se advierte desde el río es en realidad un castillo, del que aún se conservan también parte de los lienzos de las murallas y sus torres. La torre del homenaje mide aproximadamente 16 metros de altura. En el siglo XIV el castillo fue sitiado durante las luchas sucesorias que, a la muerte de Alfonso XI, se produjeron entre el nuevo rey, Pedro I, y sus hermanastros, y en concreto Enrique Trastamara, de quien el señor de la villla, D. Fernán Gómez de Albornoz, era aliado.

Información práctica

Rev. (PAB) 07.07.2016