Alcozar


Se desconoce el origen de Alcozar. Posiblemente fue repoblado en la primera mitad del siglo X, como consecuencia del empuje repoblador que en 912 llevó al conde Gonzalo Fernández, padre de Fernán González, a levantar de nuevo Clunia, Aza y San Esteban. Lo cierto es que Alcozar es un nombre árabe cuyo significado aproximado es fortín, palabra que en otras localidades ha derivado en Alcocer. Posiblemente existiía ya entonces alguna clase de fortaleza o castillo, hoy desaparecido pero del que existen numerosas referencias históricas, al encontrarse por entonces, en "primera línea de fuego", en la castellano-andalusí del Duero: eran los tiempos de los grandes condes de Castilla, de Abd el Rahman III y Almanzor. Precisamente fue aquí, en un paraje que algunos estudiosos han identificado con el predio de Piedra Sillada, pero en todo caso en un paraje entre Alcozar y Langa de Duero, donde el conde de Castilla García Fernández, fundador del infantado de Covarrubias, cayó el 18 de mayo de 995, en un encuentro fortuito con un destacamento musulmán. Durante la refriega el conde García Fernández fue herido de un lanzazo en la cabeza. Los musulmanes lo apresaron y lo llevaron a Medinaceli, donde a pesar de los cuidados del gobernador musulmán (el eslavo Qand), murió el 29 de julio de 995. Su cabeza fue enviada a Córdoba como trofeo, hasta que años más tarde su hijo Sancho García la recuperó y la enterró en San Pedro de Cardeña.

Una vez la frontera castellano-andalusí se desplaza hacia el sur, a mediados del siglo XI, y el peligro de las razzias musulmanas desaparece, la evolución de Alcozar puede seguirse a través de la documentación de la época, por la que sabemos que en 1150 la villa, hasta entonces dependiente del monasterio de Silos, fue cedida a la iglesia de Osma, aunque los litigios entre el monasterio y el obispado se prolongaron en el tiempo. Destaca sin embargo un documento de 1154 escrito en letra carolina y conservado en la catedral del Burgo, una carta-homenaje de Diego Pérez de Fuentearmegil al recibir la tenencia del castillo de Alcozar, que es considerado  uno de los primeros documentos civiles escritos íntegramente en lengua castellana.

Qué ver y hacer

Puede sonar a frase hecha, pero Alcozar tiene algo especial. Quizá tenga mucho que ver las elevaciones naturales que la rodean y protegen y que parecen trasladar al viajero, ya  utilice la carretera o el sendero, a un lugar anclado en el tiempo, donde las casas parecen emerger de la misma tierra, costradas sobre una loma, por efecto óptico del color rojizo del terreno arcilloso y las construcciones de adobe, muy numerosas todavía. No cuesta esfuerzo imaginarse Alcozar siglos atrás, observada por las ruinas de la ermita románica y la torre del reloj, enclavadas en sendas elevaciones contiguas.

El pueblo de Alcozar, hoy dedicado a la agricultura, nació como lógica extensión del fortín o torre militar construido durante el siglo X. De esa fortificación, de la que nos han llegado numerosas referencias documentales, no queda nada, pero por la disposición del pueblo todo indica que pudo enclavarse en el cerro Macerón. La subida al pueblo nos conduce, tras pasar por la iglesia de San Esteban,  hasta la plaza parcialmente soportalada, que aún conserva algún ejemplo de arquitectura tradicional. Una de las casas, la de la maestra, se ha habilitado con fines etnográficos, recreando una casa con la cocina, despensa, la alcoba y una biblioteca-escuela. La subida a la plaza se hace por la larga calle principal: la forma de Alcozar es alargada, como si fuera un pueblo construido a pie de un camino que uniera la Castilla del norte con la ribera del Duero. Pero nuestro destino principal se halla más arriba, en el punto más alto del pueblo, a 994 metros: la ermita románica de Nuestra Señora de la Virgen del Vallejo, hoy en ruinas, aunque afortunadamente se han iniciado los trabajos de conservación, si bien la construcción ha sufrido pérdidas irreparables, como el armazón mudéjar del techo o las pinturas románicas del presbiterio y el ábside. La ermita, antigua iglesia del pueblo, fue construida en la primera mitad del siglo XII y poseía una galería porticada orientada al norte, cegada durante las importantes reformas que se produjeron en los siglos XVII y XVIII. Es de nave única y ábside semicircular. En el ábside pueden verse algunos canecillos historiados. Uno de ellos representa a un músico, que toca un instrumento parecido a una gaita. En su interior se conservan varios capiteles labrados donde se percibe la influencia silense, monasterio del que Alcozar fue dependiente hasta mediado el siglo XII.

En el promontorio contiguo se alza la torre-reloj que en la lejanía se asemeja a un castillo. Lo cierto es que su construcción data de 1895, aunque al parecer fue construido con las piedras del castillo o torre militar hoy desaparecido.

Además, no puedes perderte...
  • Las vistas desde la ermita y la torre del reloj. Aunque la subida es muy empinada, las vistas, mires a donde mires, son sorprendentes´y muy explicativas de su importancia geoestratégica durante el siglo X y principios del siglo XI. No te costará imaginar, en cualquiera de esos puntos distantes el choque entre los hombres del conde García Fernández y el destacamento musulmán que hacen famosa a esta localidad. Atardeceres espectáculares asegurados.

Información práctica

Rev. (PAB) 07.07.2016