Tras los pasos de Alfonso I el Batallador: seis lugares alfonsinos en el Camino del Cid

17-06-2015

Alberto Luque Cortina

Todos los años, en el mes de junio, Calatayud recrea la toma de la ciudad islámica por el rey aragonés Alfonso I (1073-1134), ocurrida en 1120. La fiesta, que dura tres días, tiene por nombre Las Alfonsadas y nos parece una bonita forma de recordar la figura de un rey enigmático y fundamental para comprender el siglo XII hispánico.

Alfonso I de Aragón es popularmente conocido como "el Batallador". Este apelativo le viene al dedo, ya que la pasó guerreando durante casi todo su reinado: lo hizo contra los musulmanes de la taifa de Zaragoza, contra los almorávides del norte de África, contra los catalanes, los navarros, y contra los castellanos y los leoneses, incluyendo entre ellos a su mujer, Urraca, hija de Alfonso VI: la contraparte de un matrimonio desgraciadísimo y rocambolesco como pocos.

La huella alfonsina en el Camino del Cid
es importantísima, hasta el punto que sería difícil
entender este itinerario sin el rey aragonés

Aunque Alfonso I fue coronado en 1104 -es decir, cinco años después de la muerte del Cid en Valencia- la huella alfonsina en el Camino del Cid es importantísima, ya que gobernó, o bien batalló, en buena parte de nuestro itinerario, desde Burgos hasta Orihuela pasando por Morella. Fue señor, con Urraca, y aún después, de muchos territorios castellanos, y de plazas tan "cidianas" como Medinaceli, San Esteban de Gormaz o Molina de Aragón. Su paso, además, no fue efímero: impulsado por el espíritu repoblador que le caracterizaba, fomentó la repoblación en esos territorios y trajo a artistas románicos para que construyeran y decoraran las nuevas iglesias de muchas localidades, especialmente en la provincia de Soria.

Sería imposible condensar en este espacio la relación de cada una de las poblaciones del Camino del Cid con Alfonso I de Aragón, pero sí me gustaría señalar aquellas que, desde un punto de vista personal, más me gustan o me llaman la atención.

Cutanda (Teruel): año 1120
Cutanda no se encuentra exactamente en el Camino del Cid, sino a 2 km, entre Barrachina y Navarrete del Río, en el Anillo de Montalbán, y es esencial para comprender la evolución de las conquistas alfonsinas. En 1120 Alfonso se hallaba enfrascado en el asedio a Calatayud cuando supo que un fuerte contingente almorávide se aproximaba para reconquistar Zaragoza, ciudad que Alfonso había tomado el 18 de diciembre de 1118. El rey aragonés, con sus aliados, se enfrentó a los almorávides aquí, en Cutanda. La victoria de Alfonso I propició que se desmoronara la resistencia musulmana de las fortalezas que jalonaban los valles de Jalón y del Jiloca.

Calatayud (Zaragoza): año 1120
Calatayud capituló ese mismo año, tras la victoria de Cutanda. Sin embargo la herencia islámica no desapareció con la entrada de los cristianos: basta con subir a su castillo -uno de los sistemas defensivos islámicos más importantes de toda España- o contemplar sus torres mudéjares, declaradas Patrimonio de la Humanidad. El edificio que mejor simboliza la toma alfonsina de la ciudad es la iglesia de San Pedro de los Francos, fundada por Alfonso como agradecimiento a la ayuda de los caballeros franceses en su asedio.

Monreal del Campo (Teruel): año 1124
Tras la conquista de Calatayud y con la intención de asegurar el valle del Jiloca, paso natural entre Calatayud-Daroca y el Levante, Alfonso I decidió fundar y construir un castillo en "un lugar que se halla a las fuentes del río Jiloca, y que llaman los Ojos". Alfonso I fundó también aquí, en lo que hoy es Monreal del Campo, la milicia de San Salvador de Monreal, la Militia Christi, a semejanza de las órdenes militares y religiosas de la época. Del viejo castillo solo quedan los vestigios justo bajo la torre exenta símbolo de la localidad. Con este mismo objeto en 1127 fortificó Cella, cerca de Teruel, el lugar en el que el Cid del Cantar decidió esperar a todos los caballeros que quisieran acompañarle en la conquista de Valencia.

Monreal de Ariza (Zaragoza): año 1128
A pesar de la conquista de los valles del Jalón y del Jiloca, Monreal de Ariza, muy cerca de Medinaceli, no perdió su carácter fronterizo: Alfonso I mandó construir el castillo de Mont Real (Monreal) en 1128 frente a la frontera castellana para que sirviera de acantonamiento militar. Aún en ruinas, su estampa es magnífica, digna de un escenario del Far West. Vale la pena acercarse hasta allí y visitar su iglesia-fortaleza románica.

Molina de Aragón (Guadalajara): año 1128
El asedio a Molina de Aragón comenzó a finales de octubre de 1127. Como base de operaciones Alfonso mandó edificar una fortaleza a unos cinco km al sureste, en un altozano que se levanta en el mismo valle del río Gallo. Los documentos aragoneses llamaban a este enclave el "castillo nuevo sobre Molina", origen de lo que hoy es Castilnuevo. Por entonces Molina de Aragón estaba bajo gobierno de una dinastía musulmana local. La ciudad cayó en diciembre de 1128.

El castillo de Carbonera (Valencia): años 1097 y 1124
La última historia que quiero contaros sucedió siete años antes de que Alfonso fuera proclamado rey, y tuvo lugar en un lugar conocido como la Peña Cadiella, donde hoy pueden verse los vestigios del castillo de la Carbonera, en la sierra del Benicadell, entre las localidades de Otos y Beniatjar, en la provincia de Valencia. Este castillo, a mitad de camino entre Denia y Xàtiva, había sido fortalecido por el Cid en el año 1091 y era un baluarte estratégico muy importante para defender Valencia por el sur. En 1097 el Cid, ya como señor de Valencia, pidió ayuda a su aliado, el rey aragonés Pedro I, para frenar el avance de los almorávides. Pedro I acudió con una hueste de caballeros navarros y aragoneses. Le acompañaba también su hermano pequeño, Alfonso, que tenía 24 años. El Cid y los dos hermanos marcharon desde Valencia hasta el castillo de la Carbonera o de Peña Cadiella para reforzarlo y aprovisionarlo, arrostrando en el viaje la amenaza de un ataque almorávide que finalmente se desencadenaría a su regreso, en Bairén, muy cerca de Gandía. La batalla se saldó a favor del Cid y sus aliados, y posibilitó que el Cid conservara Valencia hasta su muerte. Este viaje es el "argumento" principal del anillo de la Taifa de Valencia, una de las rutas del Camino del Cid en fase de proyecto. En 1124, ya como rey de Aragón y de Navarra, Alfonso I regresaría a la Peña Cadiella en su expedición a Al Andalus en busca de mozárabes, aventura que le llevaría hasta Granada, Córdoba y Málaga; pero esta, como suele decirse, es otra historia.

En fin, son muchos los perfiles que ofrece este rey aragonés de espíritu cruzado, algunos de los cuales te serán desvelados en tu viaje por el Camino del Cid: allí nos encontraremos, caminando.