El Cid en Valencia: en defensa de la literatura

06-03-2015

Alberto Luque Cortina

La Diputación de Valencia acaba de señalizar 180 km de rutas de senderistas del Camino del Cid en la provincia. Aunque ya existía desde hace años una señalización provisional, se trata de una actuación muy ambiciosa que sin duda va a ayudar a la dinamización de este itinerario.

La verdad es que el Cid no se entiende sin Valencia. En el siglo XI, la taifa de Valencia era un principado islámico muy rico pero igualmente inestable, y por ello codiciado por todos los reyes y príncipes vecinos, cristianos o musulmanes. El Cid aprovechó esta situación para jugar su propia partida, y ganarla, en un tablero de ajedrez geoestratégico muy complicado.

Antes de conquistar Valencia el Cid gozaba de un gran prestigio
gracias a sus éxitos diplomáticos y militares
al servicio de los reyes musulmanes de Zaragoza

La conquista de Valencia se produjo en junio de 1094, tras un durísimo asedio. Aunque el Cid ya era conocido en la frontera, pues había alcanzado un gran prestigio tras sus años al servicio de los reyes musulmanes de Zaragoza, la conquista de la ciudad le lanzó a un estrellato que aún no se ha apagado.

No sabemos qué habría pasado si Diego, el hijo del Cid y su heredero natural, hubiera sobrevivido a la batalla de Consuegra (Toledo), donde falleció en 1097 luchando a las órdenes de Alfonso VI, o cuál habría sido el destino de estos territorios si el propio Rodrigo, que firmaba como Príncipe de Valencia, no hubiera muerto en 1099 (en Valencia, claro), apenas pasada la cincuentena. Lo cierto es que a su muerte su esposa Jimena quedó al mando de la ciudad e, incapaz de resistir al empuje de los almorávides (tribus bereberes procedentes del norte de África), tuvo que abandonarla en 1102.

El Cantar me recuerda a esas películas de Hollywood
donde se advierte en el inicio: "basada en hechos reales"

Visto así, ¿qué huella quedó del Cid en Valencia? ¿Por qué se le recuerda aún? Hay muchos factores que juegan a favor de su memoria, algunos históricos y otros literarios, entre los que destaca el Cantar de mío Cid, el gran poema medieval hispánico escrito un siglo después de su muerte, y que narra las aventuras del Cid en el destierro. El Cantar me recuerda a esas grandes producciones épicas cinematográficas que, en los primeros fotogramas, anuncian: "Esta película está basada en hechos reales", como si esa base histórica aportara un valor añadido a lo que en general es un culebrón de pasiones y venganzas; y eso es, también aunque no exclusivamente, el Cantar de mío Cid: una historia de aventuras, traiciones, amores, afrentas y desgracias con final feliz. Vamos, lo que nos viene gustando desde, pongamos, los tiempos de La Odisea.

Este poema, que no llega a los 4.000 versos, lejos de desaparecer en el tiempo, dio lugar, siguiendo con el argot cinematográfico, a numerosos remakes, a secuelas y precuelas, e incluso a notables spin-off, y traspasó nuestras fronteras, vaya que sí: del Cid, de sus desgracias y de sus amores con Jimena se han escrito, aquí y en el extranjero, incontables novelas, obras de teatro, poemas, cómics, películas, óperas... que han hecho de Rodrigo, sin duda, y esto es importante, el personaje medieval español más conocido fuera de nuestras fronteras. ¿Por qué no utilizarlo como tarjeta de visita para dar a conocer nuestros increíbles territorios, especialmente entre el turista extranjero deseoso de sumergirse en nuestro patrimonio e historia, o entre los aficionados al senderismo y al cicloturismo?

Nunca desconfiéis del poder de los libros

Y aunque el Cid es, en efecto, un personaje histórico, volvamos por un momento a la literatura. No despreciemos su poder. Joyce construyó sobre la ciudad de Dublín la ciudad del Ulises, que atrae a miles de turistas todos los años, y lo mismo sucede con la Pamplona de Hemingway, el París de Cortázar, la Alejandría de Kavafis, el Trieste de Magris, la Venecia de Thomas Mann... Muchos de quienes han estado en estos sitios los han conocido antes a través de la literatura y ha sido esta la que les ha arrastrado hacia allí. Lo mismo sucede con el Cantar de mío Cid, que narra un viaje por los territorios fronterizos de nuestra Edad Media.

Quien no me crea puede preguntarle a los habitantes de Vivar del Cid, que ven llegar a viajeros de todo el mundo (europeos, desde luego, pero también japoneses, australianos...); algunos de ellos, incluso, recogen tierra o piedras de sus calles como recuerdo, porque no sienten que están simplemente en un pequeño pueblo castellano, sino en un lugar mítico, un lugar que antes han imaginado gracias a la literatura, y esto les produce la misma emoción que si estuvieran en las calles arenosas de Tombuctú, o en el Camelot del rey Arturo, en el caso de que pudieran hallar su ubicación.

Lo que más me gusta del Camino del Cid
es que dignifica a los pueblos pequeños

Siempre decimos que el Camino del Cid es un itinerario esencialmente rural, y lo es, pero lo que más me gusta de este camino es que dignifica a los pueblos pequeños, tan pequeños como Navapalos, en Soria, que tiene un solo habitante, o Alcocer, en Zaragoza, abandonado hace mucho tiempo... todos estos lugares, y sus paisajes, cobran vida cada vez que alguien, en cualquier parte del mundo y en cualquier idioma, lee el Cantar de mío Cid.

Curiosamente, el Camino del Cid sigue un proceso inverso al del Cantar: el camino, aunque "está basado en hechos literarios", discurre por "lugares reales" vinculados históricamente al Cid y, por extensión, a los agitados, singulares, muy atractivos y desgraciadamente poco conocidos, siglos XI-XIII hispánicos. El caso de la provincia de Valencia es muy rico en ejemplos. Los tramos senderistas ahora señalizados como GR se encuentran dentro de las rutas La Conquista de Valencia y La Defensa del Sur, esta segunda con un peso más histórico que literario. Patrimonios de la Humanidad, pueblos singulares, castillos y fortalezas, paisajes de montaña, huertas y albuferas, nos esperan para rememorar, una vez más, uno de los pasajes más intensos de nuestra historia medieval.

Un consejo: si te pones en ruta, ya vayas andando, en bici o en coche, no te olvides pedir en cualquiera de nuestras Oficinas de Turismo el Salvoconducto y nuestros folletos divulgativos.

Felices lecturas. Nos vemos caminando.