Los Álvar Fáñez de 2015

01-12-2014

Alberto Luque Cortina

En el Caminando pasado dábamos cuenta de algunos de los libros que sobre el Cid se han publicado en 2014, y que ponen de manifiesto la vitalidad del mito cidiano.

Álvar Fáñez era protagonista de dos de esos libros. La conmemoración de los 900 años de su muerte ha servido para recuperar parcialmente la memoria de este personaje, a quien la literatura y la leyenda han asociado indisolublemente al Cid, por mucho que la historia nos enseñe que las trayectorias de ambos caballeros castellanos divergieron notablemente: Rodrigo murió en 1099 como príncipe de Valencia, en su cama, fruto de los achaques de heridas y batallas, y Álvar en Segovia, quince años después, combatiendo por los derechos de su reina, Urraca, hija de Alfonso VI.

Más allá del vínculo familiar -al parecer Rodrigo y Álvar eran parientes- fue la trayectoria vital de ambos caballeros lo que llevó al poeta a inmortalizarlos en el Cantar de mío Cid: Rodrigo, el héroe protagonista, y Álvar Fáñez su alter ego, como lo es Lancelot del rey Arturo.

El Álvar Fáñez del Cantar
es el albañil eficiente, el héroe sin fisuras

Siempre me ha llamado la atención el tratamiento que hace el Cantar de ambos personajes: Rodrigo es un héroe a escala humana: llora, pelea, es valiente, a veces siente miedo, es más compasivo que colérico, sufre por su honor, ama a su familia, duda antes de entablar una batalla e incluso es desobedecido por sus hombres. Junto a él, como un albañil eficiente que rápidamente tapa todas las grietas que puedan producirse en el muro cidiano, está Álvar Fáñez, siempre a su lado, apoyándole; es valiente, arrojado, no flojea y nunca duda: es tan perfecto que parece más un ideal que una persona de carne y hueso. Sin embargo, hay un rasgo que le "devuelve" a la tierra: su fidelidad ciega, apasionada, al Cid. ¿Por qué lo hace? ¿cómo es que nunca "falla"?, me pregunto a veces, releyendo el Cantar; pero no encuentro respuestas para esto.

Las asociaciones de los pueblos, en su lucha desigual
contra el gigante de la despoblación y la desmemoria

Algo parecido sucede con las asociaciones que año tras año, y con actividades muy diversas -las de temática cidiana o medieval son sólo una pequeña parte-, trabajan duro para recuperar o conservar su legado. La mayor parte se encuentran en pueblos pequeños. Su labor es fundamental para dinamizar y mantener vivo el espíritu de comunidad en estas poblaciones. En su mayoría estos pueblos fueron fundados durante la Edad Media, y ahora luchan contra la despoblación a través del asociacionismo como lo hicieron sus antepasados cuando, siglos atrás, los fundaron y poblaron. Es una lucha desigual contra el gigante de la despoblación y la desmemoria, pero sigue siendo admirable la tenacidad de quienes año tras año se ponen en marcha para recorrer el Camino del Cid, u organizan talleres de costura para confeccionar trajes medievales, o reparan y pintan las señales del Camino del Cid en los alrededores de su pueblo, o escriben sainetes "cidianos" y los interpretan tras meses de ensayos, o acuden con sus vestidos medievales, a pie o a caballo, a las múltiples fiestas que tienen lugar a lo largo del Camino del Cid, o directamente las organizan, atienden a los visitantes, publican fotografías y vídeos, etc.

Las actividades que realizan son inherentes al Camino del Cid: forman parte de su naturaleza como itinerario turístico y cultural. De esto son muy conscientes las ocho diputaciones del Consorcio Camino del Cid, que por quinto año consecutivo convoca el Premio Álvar Fáñez, y que distingue un proyecto que contribuya a dar a conocer o conservar el Camino del Cid, la figura del Cid o bien el legado cidiano en general.

Las novedades del Premio Álvar Fáñez 2015:
puntuación de los criterios de selección y
adelanto de los plazos

Este año hemos añadido algunas novedades, como la incorporación de puntuación a los criterios de selección, de modo que el jurado pueda calibrar mejor las distintas actuaciones proyectadas, o el adelanto de la convocatoria y de la presentación de proyectos, que podrán enviarse hasta el 20 de febrero de 2015.

El premio está dotado con 2.000 euros, que se destinan a colaborar en la financiación del proyecto galardonado, pero más allá de la cuantía económica, el Premio Álvar Fáñez es, en realidad, un merecido reconocimiento al trabajo que realizan año tras año estas asociaciones. Este trabajo de meses se caracteriza por ser ilusionante, casi siempre anónimo, y multitudinario, pues mueve en su conjunto a miles de personas, y delante de ellas siempre hay un pequeño grupo de valientes que, despreciando las dificultades, movilizan a la gente y la ilusionan, organizan los eventos, los preparan, contactan con instituciones y otras asociaciones, y ofrecen generosamente su tiempo y sus ideas en beneficio de la comunidad, para que esa fiesta, ese viaje, esa publicación, esa obra teatral, o esa plantación de árboles, sea realidad un año más. Su espíritu es digno y desinteresado, no flojean: esos hombres y mujeres son los verdaderos "Álvar Fáñez", y a ellos dedicamos este premio.

Podéis consultar las bases del V Premio Álvar Fáñez pinchando aquí.