El rey que caminaba desnudo

05-02-2013
Alberto Luque Cortina

Un año más FITUR, la feria internacional de turismo de Madrid, ha cerrado sus puertas. Si algo positivo puede extraerse de la crisis que nos golpea es que esta nueva situación obliga a replantear muchas cosas, a verlas desde otra perspectiva, y así parece estar ocurriendo con FITUR.

Para quien no hayan asistido nunca, les diré que FITUR eran en realidad dos ferias: la de negocios y la institucional; dos secciones divididas por una calle que más parecía una frontera. A la derecha se encontraban las empresas privadas, grandes operadores, agencias, cadenas hoteleras, destinos en terceros países... Acudían a visitar y agasajar a sus clientes y hacer nuevos contactos. A la izquierda se hallaban los stands institucionales, casi siempre territoriales: comunidades autónomas, patronatos provinciales de turismo, ayuntamientos, consorcios y fundaciones, algunos de los cuales (por supuesto no todos) acudían a la feria sin un objetivo claro, por lo que resultaba muy difícil medir la eficacia de una inversión a todas luces alta, gastos de representación incluidos. Y aunque siempre estaban los medios de comunicación locales, provinciales, o autonómicos, para difundir jubilosamente el éxito ese año de la participación en la feria, casi todos eran conscientes de que la inversión no justificaba los resultados obtenidos (y esto cuando eran cuantificables); en definitiva, que se mirase como se mirase, y como nos contó Andersen en su cuento El traje nuevo del Emperador, el rey caminaba desnudo.

En 2013 hemos podido palpar un cambio progresivo de mentalidad: han acudido menos expositores, los stands también se ha reducido, pero ha habido más negocio. La calle que dividía la feria en dos es ahora, más que otros años, un puente de comunicación: reuniones, ofertas, posibilidades. Quizá éste haya sido el año en que el sector público se ha mezclado más con la oferta privada, el año en que muchos representantes políticos, algunos de primera fila, se han sentado a hablar, a escuchar propuestas, y también al revés. Esto es esperanzador.

Por nuestra parte este año hemos enfocado FITUR con vistas a nuestra promoción exterior. Desde los inicios del Camino del Cid supimos que esta era una ruta destinada al público extranjero, pero también que sería un objetivo complicado de conseguir. Hemos realizado una larga travesía desde entonces, muchas veces en solitario, para llegar hasta donde hoy estamos. Queremos ofrecer productos atractivos, de calidad, que respondan a las expectativas de los actuales y futuros visitantes de fuera de nuestras fronteras. En este sentido pensamos que la presentación en marzo de 2013 de las topoguías cicloturistas será una nueva baza a nuestro favor.

De estas y otras cosas hemos estado hablando, gracias a la colaboración del departamento de partenariado de la Fundación Siglo, con los responsables de algunas oficinas de turismo españolas en el extranjero y también con algunos turoperadores foráneos. Las posibilidades son muy interesantes: el boletín especial del Camino del Cid lanzado por la OET de México en enero es una prueba. En general, la recepción del Camino del Cid ha sido excelente: nos ayudarán a darlo a conocer, confían en las posibilidades de este itinerario aunque la tarea, avisan, no va a ser fácil. Eso está bien, nos gustan los retos.

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