Los orígenes del Camino del Cid
El Camino del Cid no es un itinerario creado en 2007 con motivo de la conmemoración de los 800 años del Cantar. En realidad, ya a finales del siglo XIX, Archer Milton Huntington, el mecenas norteamericano fundador de la Hispanic Society de Nueva York, viajó por buena parte de nuestra geografía siguiendo los pasos del destierro descritos en el Cantar. Poco después, a principios del siglo XX, Ramón Menéndez Pidal y su mujer, María Goyri, recorrieron las tierras castellanas con similares intenciones e importantes resultados. Si bien con sus singularidades, ambos son ejemplos de lo que podríamos denominar la “protohistoria” del Camino del Cid como itinerario turístico-cultural. Desde entonces, han sido muchos los que han seguido, de modo más o menos preciso, las huellas del Cid descritas en el poema. En los años cincuenta del siglo XX existían guías turísticas de este itinerario y, particularmente a finales de los años ochenta, surgieron diversas propuestas impulsadas por avezados pioneros del cicloturismo, como Luis Markina. Los itinerarios seguidos eran muy distintos y diferían considerablemente unos de otros, pero todos coincidían en el propósito de llegar a Valencia con el Cantar como guía del viaje.
Con estos precedentes la Diputación de Burgos, en el año 1996, lanzó la idea de habilitar un camino senderista que uniera Vivar del Cid con San Pedro de Cardeña a través de la ciudad de Burgos, los tres hitos fundamentales de los primeros versos del poema. Este itinerario, en origen de 18 kilómetros, es el germen del camino actual. Para que esto sucediera fue necesaria la incorporación al proyecto de otras siete diputaciones provinciales (Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante), en un proceso que cristalizó en el año 2002, con la constitución del Consorcio Camino del Cid.
Este Consorcio, del que son miembros las ocho diputaciones fundadoras, se creó con el objetivo de implementar y promocionar el Camino del Cid como itinerario turístico-cultural, y con el fin último de canalizar y facilitar el paso a los potenciales viajeros, promocionar los numerosos recursos existentes a lo largo del itinerario y generar recursos económicos en las zonas afectadas. Finalmente, en enero de 2004, se dotó al Consorcio de un equipo gestor, con oficinas en Burgos, con la misión de coordinar las diversas actuaciones realizadas hasta la fecha, impulsar nuevos proyectos, y dar continuidad a este itinerario.
El Camino del Cid, un camino literario
El Camino del Cid es, en esencia un camino literario, pues hunde sus raíces en el Cantar de mío Cid, si bien el substrato histórico es evidente en muchos de sus tramos. Esta “historicidad” se manifiesta no sólo en aquellos lugares en los que la historia y la leyenda se superponen –el poema cita muchas localidades ligadas al Cid de carne y hueso- sino también en algunos pasajes muy concretos como, por ejemplo, en el tramo zaragozano entre Ariza y Calatayud: aunque no existen datos fehacientes que confirmen el paso del Cid histórico por la cuenca del Jalón, es evidente que el poeta sí lo hizo, y que en los versos 546 y siguientes está describiendo caminos existentes al menos a finales del siglo XII o principios del siglo XIII.
Las principales razones por las que se adoptó el Cantar como principal referente a la hora de diseñar los trazados del Camino del Cid en perjuicio de lugares con una fuerte impronta “cidiana”, como por ejemplo Zamora, son los siguientes:
La configuración del Camino del Cid
La configuración de este camino turístico cultural ha contado con dos grandes retos: la imprecisión del poeta al describir los itinerarios y la diversidad de rutas que nacen de la propia narración: el Cid y sus hombres no se encaminan directamente hacia Valencia, sino que por motivos “geoestratégicos”, y sobre todo argumentales, se desvían hacia las poblaciones ribereñas del Jalón (546 y ss.), a la cuenca del Henares (446 y ss.), o a las tierras turolenses de Montalbán (952 y ss.), entre otros muchos casos.
En general, el Camino se ha trazado sobre la base de los dos primeros cantares, excluyéndose el tercero, que se desarrolla principalmente en Toledo. Con contadas excepciones, el viajero podrá encontrar en este itinerario todos los escenarios citados en el poema. En algunos casos, incluso, se han adscrito varias localidades a un mismo topónimo, como es el caso del robledal de Corpes. La ubicación de este lugar, donde se produce la imaginaria afrenta a las hijas del Cid (2747), ha centrado la atención de muchos estudiosos. En realidad su ubicación tiene que ver más con la tradición que con cualquier otro criterio, por lo que se han incluido como escenarios de la afrenta a Castillejo de Robledo, en Soria, y Robledo de Corpes, en Guadalajara, ambos con una importante tradición oral al respecto. ¿En cuál de los dos lugares pensó el poeta? Por el momento será la capacidad evocativa del viajero quien decida esta y otras cuestiones similares.
La definición y configuración de los trazados se realizó soslayando la línea argumental del poema, que describe diversos viajes por rutas diferentes: el del Cid a Valencia, las cabalgadas de Álvar Fáñez, o las accidentadas jornadas de las hijas del Cid, entre otros. De este modo se decidió aunar dichos itinerarios en un entramado de caminos donde el protagonismo recayera en los escenarios del Cantar y no en el desarrollo argumental del poema: de este modo se facilita el paso a los viajeros.
Para la definición del trazado se utilizaron tres criterios en orden prelativo: